La puerta del portal de casa no cierra bien. Tenemos instalado ese artilugio que se coloca, mediante un brazo articulado, entre el marco y la misma puerta e incorpora, dentro de una carcasa, el mecanismo que hace que se cierre sola. Este consiste en un muelle o resorte que al abrir la puerta se comprime y al soltarla —una vez que la persona ha entrado o salido— tiende a recuperar su estado original, tira de la puerta y la cierra.
Este aparato se llama, adivina, cierrapuertas. En realidad, es más complicado. Lleva un aceite hidráulico que se desplaza a merced del resorte. Un par de válvulas controlan el paso del líquido y permiten ajustar la velocidad del movimiento para que la puerta ni se cierre con excesiva fuerza —dando un (desagradable) portazo— ni lo haga con tan poca que acabe apoyada en el marco pero sin cerrarse.
Una vez bien ajustadas estas válvulas, el pestillo de la puerta, de tipo resbalón, al apoyarse en el marco se retraerá con suavidad y acabará encajando, con el característico clic, en el cerradero, que es la pieza metálica del marco en la que se aloja.
¿Se ha entendido algo? Pues, ahora mismo, el cierrapuertas que tenemos instalado en el portal de casa se debe de haber desajustado y la puerta queda vuelta, apoyada en el marco pero abierta. No hace clic.
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