Rimbaud escribió: yo es otro. Años después Virginia Woolf hizo esta aguda observación: “Yo” es solo un término práctico para alguien que no tiene existencia real. Más tarde, Sartre afirmó que el infierno son los otros y Bergamín contestó que el infierno soy yo si no están los demás. Así se inventó el tenis.
Por cierto que Virginia dijo aquello en su ensayo “Una habitación propia”. Hay que leer a Virginia Woolf, el problema es que escribió muchísimo, si es que eso es un problema. Pero hay que leerla y meditarla. O si no quieres no la leas, también puedes ver la película (alguna habrá).
Todo es relativo e inconexo. No soy yo; son el mundo, la vida, la literatura y el cine. Sartre y Bergamín, Rimbaud y Woolf, no es que les entienda, más bien lo que me imagino. La otredad del yo, la idea no es nueva, ninguna lo es. Parece que el budismo ya decía cosas parecidas. Cualquiera que se haya parado a pensar estará de acuerdo (nota para mí: pensar un poco más). Lo práctico es asegurar que esto lo estoy escribiendo yo y lo estás leyendo tú. Pero ese tú y ese yo son dos eufemismos que utilizamos para entendernos.
Ni tú ni yo tenemos existencia sostenida en el tiempo. No somos eternos y tampoco somos lo mismo a lo largo de nuestra vida. Cada yo, y cada tú, es volátil y ya no está y ya es otro. Yo soy otro y tú eres otro; otros distintos, únicos y caducos a la espera de la próxima primavera.
Duroderroer
...with no particular place to go.
miércoles, 1 de abril de 2026
domingo, 29 de marzo de 2026
Dies irae
En 1943, durante la ocupación alemana de Dinamarca, Carl Theodor Dreyer estrenó una película titulada, en danés, Vedrens dag. Cuenta un episodio de caza de brujas fechado en 1623. El título alude al poema latino del siglo XIII Dies irae, día de ira, que trata del fin del mundo y el Juicio Final (que no decaiga). En inglés la película se llamó Day of Wrath. En español prefirieron el latín del poema original en lugar de la traducción (y por una vez acertaron).
Dreyer negó cualquier intención política en su obra, pero lo habitual ha sido que su retrato de la intolerancia religiosa se interprete como una denuncia encubierta del régimen nazi. Sin embargo, estos, los nazis no se dieron por aludidos, en principio. Por si acaso, Dreyer huyó a Suecia poco después del estreno.
La película, en su austeridad, pasa por ser una obra maestra del cine, aunque se le achaca su lentitud. Y sí, lo confirmo, es lenta, muy lenta. Aún así, a poco gusto que se tenga la película interesa: diálogos medidos, planos que son cuadros, cuidada fotografía de luces y sombras y el tic tac de un reloj que no se ve.
Casi toda la película transcurre en una habitación de la casa del anciano pastor luterano y tiene su mérito que con apenas mobiliario a la vista se les colara un llamativo desliz. Después de asegurar en la introducción que la acción transcurre, como decía antes, en el año 1623, al fondo de la escena aparece reiteradamente un arcón con una inscripción bien visible que dice ANNO 1639.
Dreyer negó cualquier intención política en su obra, pero lo habitual ha sido que su retrato de la intolerancia religiosa se interprete como una denuncia encubierta del régimen nazi. Sin embargo, estos, los nazis no se dieron por aludidos, en principio. Por si acaso, Dreyer huyó a Suecia poco después del estreno.
La película, en su austeridad, pasa por ser una obra maestra del cine, aunque se le achaca su lentitud. Y sí, lo confirmo, es lenta, muy lenta. Aún así, a poco gusto que se tenga la película interesa: diálogos medidos, planos que son cuadros, cuidada fotografía de luces y sombras y el tic tac de un reloj que no se ve.
Casi toda la película transcurre en una habitación de la casa del anciano pastor luterano y tiene su mérito que con apenas mobiliario a la vista se les colara un llamativo desliz. Después de asegurar en la introducción que la acción transcurre, como decía antes, en el año 1623, al fondo de la escena aparece reiteradamente un arcón con una inscripción bien visible que dice ANNO 1639.
jueves, 26 de marzo de 2026
Sí, pero no
Hay tristezas secretas en las bodas y secretas alegrías en los funerales, escribió Ramón Eder (nótese esa acertada inversión del orden; tristezas secretas, secretas alegrías). Obviamente, le contesto, a Ramón, con descaro pero sin ánimo de ofender; quien dice en la salud y en la enfermedad, dice en la tristeza y en la alegría.
El otro día estuve pensando en eso mismo. No en bodas y funerales sino en la idea que asoma por detrás. Esta sería mi formulación: El más inteligente de los seres humanos puede ser también el más tonto y, a su vez, el más tonto resultar un genio. Para según qué cosas, habría que añadir, pero no lo hago para que la frase no pierda contundencia.
La idea no es mía; ideas, lo que se dice ideas, no he tenido nunca ninguna. Durante mucho tiempo he considerado que sí, que las tenía de vez en cuando; pero ya lo he descartado por completo. Lo que hago, como casi todo el mundo, es ver, escuchar, absorber lo que se pueda y luego escurrirlo en forma de ideas.
Ya lo dijo Kant, y traigo la cita de pura casualidad: no existe duda alguna sobre el hecho de que todo nuestro conocimiento proceda de la experiencia. Otro filósofo, Emilio Lledó, que por cierto vive aún, con noventa y ocho años, y que conozco de un documental que vi hace unos años, expresaba esa misma idea de esta forma: Dentro de todo sí hay un pequeño no, dentro de todo no hay un pequeño sí.
Volviendo a la frase de las bodas y funerales, reconozco que es un bonito ejemplo práctico. Bien podrían haber escrito un cuento a partir de ella Alice Munro, Jorge Luis Borges o el mismísimo Anton Chéjov. Incluso yo podría intentarlo, pero el caso es que ya se me ha acabado el espacio.
El otro día estuve pensando en eso mismo. No en bodas y funerales sino en la idea que asoma por detrás. Esta sería mi formulación: El más inteligente de los seres humanos puede ser también el más tonto y, a su vez, el más tonto resultar un genio. Para según qué cosas, habría que añadir, pero no lo hago para que la frase no pierda contundencia.
La idea no es mía; ideas, lo que se dice ideas, no he tenido nunca ninguna. Durante mucho tiempo he considerado que sí, que las tenía de vez en cuando; pero ya lo he descartado por completo. Lo que hago, como casi todo el mundo, es ver, escuchar, absorber lo que se pueda y luego escurrirlo en forma de ideas.
Ya lo dijo Kant, y traigo la cita de pura casualidad: no existe duda alguna sobre el hecho de que todo nuestro conocimiento proceda de la experiencia. Otro filósofo, Emilio Lledó, que por cierto vive aún, con noventa y ocho años, y que conozco de un documental que vi hace unos años, expresaba esa misma idea de esta forma: Dentro de todo sí hay un pequeño no, dentro de todo no hay un pequeño sí.
Volviendo a la frase de las bodas y funerales, reconozco que es un bonito ejemplo práctico. Bien podrían haber escrito un cuento a partir de ella Alice Munro, Jorge Luis Borges o el mismísimo Anton Chéjov. Incluso yo podría intentarlo, pero el caso es que ya se me ha acabado el espacio.
lunes, 23 de marzo de 2026
Rachel
“Estoy con los buenos”, la agente Rachel (Reichel) Rodríguez tiene la idea metida en la cabeza mientras baja del coche, desenfunda la pistola y avanza agachada hacia la caseta de la gasolinera. Ha sido la primera en llegar tras el aviso de asalto armado. La sirena policial aúlla, está diciendo “dispárame” o “ríndete” o “huye”, qué es lo que entenderá el desarrapado que todavía está dentro, encañonando y gritando al empleado tumbado boca abajo.
La agente Rodríguez tiene cuarenta y cinco años y ha pedido el traslado a tareas administrativas. “Estoy con los buenos” se repite a sí misma y dice en voz alta “Policía, suelte el arma y salga con las manos en alto”. El chico saca el brazo armado por la puerta y dispara.
El fogonazo —es de noche— desata una tormenta cognitiva en el cerebro de Rachel. “Si ahora veo pasar toda mi vida es que me estoy muriendo”. Pero no, y le viene la idea loca de que la bala seguirá su trayectoria, dará la vuelta a la Tierra y acabará impactando en su pecho; qué estupidez, es imposible, las Montañas Rocosas, a unas cien millas, pararán la bala.
“Estoy con los buenos”, piensa, parapetada tras el surtidor. No estuvo muy brillante el que les puso el nombre a las montañas. Su padre —Pedro Rodríguez, nacido en El Paso— también fue policía; llegó a constable (cónstabol) del condado. “Constabulador, m’hijita”, decía él riendo.
La agente Rachel se ha sentado en el suelo, a cubierto, y le surge la duda de si se ha tomado hoy la pastilla blanca y rosa de las vitaminas. Exclama en alto: “Tira el arma, estás rodeado” y luego añade en voz baja: “Estoy con los buenos; pero, what the fuck (guat de foc), ¿dónde están ahora?”.
La agente Rodríguez tiene cuarenta y cinco años y ha pedido el traslado a tareas administrativas. “Estoy con los buenos” se repite a sí misma y dice en voz alta “Policía, suelte el arma y salga con las manos en alto”. El chico saca el brazo armado por la puerta y dispara.
El fogonazo —es de noche— desata una tormenta cognitiva en el cerebro de Rachel. “Si ahora veo pasar toda mi vida es que me estoy muriendo”. Pero no, y le viene la idea loca de que la bala seguirá su trayectoria, dará la vuelta a la Tierra y acabará impactando en su pecho; qué estupidez, es imposible, las Montañas Rocosas, a unas cien millas, pararán la bala.
“Estoy con los buenos”, piensa, parapetada tras el surtidor. No estuvo muy brillante el que les puso el nombre a las montañas. Su padre —Pedro Rodríguez, nacido en El Paso— también fue policía; llegó a constable (cónstabol) del condado. “Constabulador, m’hijita”, decía él riendo.
La agente Rachel se ha sentado en el suelo, a cubierto, y le surge la duda de si se ha tomado hoy la pastilla blanca y rosa de las vitaminas. Exclama en alto: “Tira el arma, estás rodeado” y luego añade en voz baja: “Estoy con los buenos; pero, what the fuck (guat de foc), ¿dónde están ahora?”.
viernes, 20 de marzo de 2026
Diez instantáneas sobre la escritura
Esto no es un decálogo, solo son algunas impresiones sobre qué es escribir. Una vez reveladas me he dado cuenta de que la mayoría son también aplicables a la lectura. Leer y escribir son las dos caras de la misma moneda, no existen la una sin la otra y a menudo son lo mismo.
Primera instantánea; escribir es vestir tu ignorancia con palabras.
Segunda; escribir afila la mente, aclara los pensamientos y ayuda a fijarlos en la memoria.
Tercera; escribir es explicar el mundo, ceder al deseo de entenderlo todo; la vida, el ser, el tiempo, el amor, el sexo y la muerte; es una tarea imposible pero siempre queda algo.
Cuarta; escribir es poner en palabras lo que has visto y aprendido de los demás.
Quinta instantánea; escribir es hablar con conocidos, con desconocidos, con fantasmas y con la pared; porque esos son tus interlocutores, la gente cercana, otros que no te conocen, el recuerdo de los que te faltan y, a veces, nadie en absoluto.
Sexta; escribir es repetirse, decir lo mismo o algo parecido; porque nadie es infinito
Séptima; escribir es zambullirse en el mar de las palabras, con sus mareas, su sintaxis, sus corrientes; es negociar las olas e improvisar una canción.
Octava; escribir es vivir dos veces, gozar de una segunda oportunidad para enmendar viejos errores y cometer algunos nuevos.
Novena; escribir es despertar a ese otro yo que se esconde en nuestro interior y que de otra forma quedaría inédito.
Décima y última instantánea; escribir es dejar huella, lanzar una sonda al futuro con un mensaje que dice: aquí estoy, aquí estuve, no me olvidéis.
Quinta instantánea; escribir es hablar con conocidos, con desconocidos, con fantasmas y con la pared; porque esos son tus interlocutores, la gente cercana, otros que no te conocen, el recuerdo de los que te faltan y, a veces, nadie en absoluto.
Sexta; escribir es repetirse, decir lo mismo o algo parecido; porque nadie es infinito
Séptima; escribir es zambullirse en el mar de las palabras, con sus mareas, su sintaxis, sus corrientes; es negociar las olas e improvisar una canción.
Octava; escribir es vivir dos veces, gozar de una segunda oportunidad para enmendar viejos errores y cometer algunos nuevos.
Novena; escribir es despertar a ese otro yo que se esconde en nuestro interior y que de otra forma quedaría inédito.
Décima y última instantánea; escribir es dejar huella, lanzar una sonda al futuro con un mensaje que dice: aquí estoy, aquí estuve, no me olvidéis.
martes, 17 de marzo de 2026
Tirando a bizarro
En cuanto al dogma de la Inmaculada Concepción es curioso que pasados dos mil años, gracias a la ciencia, cualquier mujer pueda ser virgen y madre. Educados en la religión católica, tendemos a dar por buenos algunos aspectos de ella que, bien pensado, no son ni medio normales. Así, la terrible imaginería del infierno, los mártires y, en particular, el Cristo crucificado: un hombre torturado, clavado en unos maderos, y prácticamente desnudo, por cierto.
Ligado al tema de la pureza hay una gran paradoja en la religión católica, es el hecho de que se recurra al lenguaje del amor carnal para expresar el amor espiritual. Así las monjas que toman a Cristo por esposo y que a veces se autodenominan Esclavas del Sagrado Corazón o Esclavas del Amor Misericordioso y, más crudamente, algunos textos de la Biblia, el Cantar de los Cantares, y de los místicos. Desde un punto de vista objetivo, todo es extraño, insólito, diríamos que bizarro. Santa Teresa de Jesús en su “Libro de la vida” describe su encuentro con un ángel en una visión en estos términos:
Veíale en las manos un dardo de oro largo. Éste me parecía meter por el corazón, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan ecesiva (sic) la suavidad, que no hay desear que se quite. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento. Por mucho menos mandó la Inquisición gente a la hoguera.
Ligado al tema de la pureza hay una gran paradoja en la religión católica, es el hecho de que se recurra al lenguaje del amor carnal para expresar el amor espiritual. Así las monjas que toman a Cristo por esposo y que a veces se autodenominan Esclavas del Sagrado Corazón o Esclavas del Amor Misericordioso y, más crudamente, algunos textos de la Biblia, el Cantar de los Cantares, y de los místicos. Desde un punto de vista objetivo, todo es extraño, insólito, diríamos que bizarro. Santa Teresa de Jesús en su “Libro de la vida” describe su encuentro con un ángel en una visión en estos términos:
Veíale en las manos un dardo de oro largo. Éste me parecía meter por el corazón, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan ecesiva (sic) la suavidad, que no hay desear que se quite. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento. Por mucho menos mandó la Inquisición gente a la hoguera.
sábado, 14 de marzo de 2026
La pureza
La pureza, qué locura. Lo puro, en general, tiene connotaciones positivas; un objeto de oro puro, el agua pura (y cristalina), los colores puros o, ya en el terreno moral, la pura bondad, los puros sentimientos. Pero por otra parte, por la mejor parte, lo natural y lo humano es lo impuro, la mezcla, el crisol de todo, de ideas, culturas, religiones.
Ahora, si estamos hablando de esa pureza en particular, de la pureza de María, de la pureza referida a la sexualidad, a la falta o, mejor dicho, la represión del deseo sexual, esa pureza es una locura. Sin entrar en las múltiples circunstancias y complicaciones que se pueden dar en torno al tema, en las que ni entro ni salgo ni entiendo, una cosa es segura: el sexo es inherente a la naturaleza humana, una negación absoluta del mismo está más cerca de lo aberrante que de lo sublime.
En teoría la finalidad del celibato, en los religiosos, es facilitar una mayor entrega a la vida espiritual, vale; y la abstinencia sexual libremente elegida es legítima y respetable, por supuesto, pero también es una forma de boicotear el futuro de la especie.
Luis Landero lo dice indirectamente en una entrevista. Le preguntan por un supuesto fin de la novela y lo desmiente con este argumento: ¿Qué ha hecho la gente desde la más remota antigüedad? Trabajar, comer, follar y contar. Esas serían las cuatro actividades básicas.; ni qué decir que nos referimos al trabajo en condiciones, la comida sana, el sexo responsable y la buena literatura.
Ahora, si estamos hablando de esa pureza en particular, de la pureza de María, de la pureza referida a la sexualidad, a la falta o, mejor dicho, la represión del deseo sexual, esa pureza es una locura. Sin entrar en las múltiples circunstancias y complicaciones que se pueden dar en torno al tema, en las que ni entro ni salgo ni entiendo, una cosa es segura: el sexo es inherente a la naturaleza humana, una negación absoluta del mismo está más cerca de lo aberrante que de lo sublime.
En teoría la finalidad del celibato, en los religiosos, es facilitar una mayor entrega a la vida espiritual, vale; y la abstinencia sexual libremente elegida es legítima y respetable, por supuesto, pero también es una forma de boicotear el futuro de la especie.
Luis Landero lo dice indirectamente en una entrevista. Le preguntan por un supuesto fin de la novela y lo desmiente con este argumento: ¿Qué ha hecho la gente desde la más remota antigüedad? Trabajar, comer, follar y contar. Esas serían las cuatro actividades básicas.; ni qué decir que nos referimos al trabajo en condiciones, la comida sana, el sexo responsable y la buena literatura.
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