El miedo siempre está con nosotros, como seres mortales que somos. Tenemos miedo a la muerte y, mientras llega esta, también a la vida. ¿El miedo nace o se hace? Serán las dos cosas; por un lado, la aprensión por lo desconocido y por otro, las inseguridades de los adultos que son contagiosas.
De pequeño me daban miedo la oscuridad y los cementerios (aparte de todo lo demás). Si lo pienso bien, me siguen dando, pero menos. Que un muerto se me aparezca sería, en el fondo, una buena noticia. Sería la prueba de que hay algo más allá, que no creo (qué le voy a hacer y que más quisiera yo).
Algunos, entre los que quizá me encuentre, tienen miedo a todo lo que se salga de su pequeño mundo, a todo lo que les haga cambiar el paso. Luego casi siempre resulta que esos temores eran infundados.
Pensando en esto del miedo, acabo de caer en la cuenta de que cuando aquello que temíamos se hace realidad —como suele suceder por simple estadística— lo habitual es que en ese mismo momento dejemos de tener miedo, porque ya no es algo desconocido, porque ya lo vemos y lo experimentamos y el sentimiento que nos genere será otro: alivio, dolor, pena, resignación, indiferencia, coraje... nómbralo tú mismo.
Y una sospecha complementaria: cuando entiendo algo, lo más seguro, —y me hace gracia— es que en realidad no lo entienda; que solo sea una explicación que me fabrico a mi medida. Y es que todo lo referente al miedo, por ejemplo, está rumiado, razonado, filosofado y regurgitado mil veces antes y esto que escribo no es más que un poco de literatura para pasar el rato.
Duroderroer
...with no particular place to go.
jueves, 7 de mayo de 2026
lunes, 4 de mayo de 2026
Borges y los vascos (y 3)
Más anotaciones del libro "Borges" de Adolfo Bioy Casares.
1960. Comparando las letras francesas, inglesas y alemanas, dice Borges: Es claro que la gente no da importancia a los méritos intelectuales, sólo cuentan los morales: por eso tienen prestigio los vascos. Esto no deja de ser un elogio en toda regla: los méritos morales de los vascos, casi nada.
1966. Borges cuenta una anécdota de un uruguayo visitado por franceses: Fue aquél un momento incómodo para las señoritas de la casa y para el señor, que en épocas pretéritas había sido degollador en las tropas de Oribe… Los más temibles degolladores de Oribe eran vascos. Los vascos de Oribe: uno oía eso y echaba a temblar. Inquietante anécdota sobre una reprobable ferocidad.
1969. DI GIOVANNI: «¿A quiénes quieren o admiran en la Argentina?». BORGES: «A nadie». BIOY: «Yo creo que a los vascos». Borges se ríe y dice que, increíblemente, así es. Bioy ya había expresado antes, en este libro, la idea de que los argentinos, y posiblemente también los chilenos, admiran a los vascos. Borges, aunque reconoce que es así, no acaba de encontrar un motivo.
Y la última alusión, de 1970: sobre el conflicto entre los separatistas vascos y Franco, comenta: «Que los dos se jodan». Contundente.
1960. Comparando las letras francesas, inglesas y alemanas, dice Borges: Es claro que la gente no da importancia a los méritos intelectuales, sólo cuentan los morales: por eso tienen prestigio los vascos. Esto no deja de ser un elogio en toda regla: los méritos morales de los vascos, casi nada.
1966. Borges cuenta una anécdota de un uruguayo visitado por franceses: Fue aquél un momento incómodo para las señoritas de la casa y para el señor, que en épocas pretéritas había sido degollador en las tropas de Oribe… Los más temibles degolladores de Oribe eran vascos. Los vascos de Oribe: uno oía eso y echaba a temblar. Inquietante anécdota sobre una reprobable ferocidad.
1969. DI GIOVANNI: «¿A quiénes quieren o admiran en la Argentina?». BORGES: «A nadie». BIOY: «Yo creo que a los vascos». Borges se ríe y dice que, increíblemente, así es. Bioy ya había expresado antes, en este libro, la idea de que los argentinos, y posiblemente también los chilenos, admiran a los vascos. Borges, aunque reconoce que es así, no acaba de encontrar un motivo.
Y la última alusión, de 1970: sobre el conflicto entre los separatistas vascos y Franco, comenta: «Que los dos se jodan». Contundente.
viernes, 1 de mayo de 2026
Borges y los vascos (2)
Del libro “Borges” de Adolfo Bioy Casares:
1957. Martes, 18 de junio. Come en casa Borges. Hablando del idioma vasco, comenta: «Qué raro ese idioma, tan antiguo y con tan pocas palabras. Para decir “árbol” dicen “arbola”». Parece evidente que lo decía por el “Gernikako arbola” de Iparraguirre. Sin embargo, ya en el “Gero” de Axular, siglo XVII, aparecía la palabra zuhaitz para decir “árbol”.
1957. De un tal Erro (seguramente Carlos Alberto Erro) dice: Cuando le conviene también es patriota vasco. Todos tenemos algo de sangre vasca, pero no somos tan profesionalmente vascos como Erro. Es curioso ese “todos”. La frase suena a cierto orgullo, sin pasarse, de tener esa procedencia.
1960. BIOY: «¿Qué dieron los vascos a la civilización?». BORGES: «Baroja, Unamuno, algún mal pintor, algunos políticos, como Zumalacárregui. Qué raro que Góngora y Argote sea andaluz, que esos dos nombres no sean vascos. Qué lindo suena Pío Baroja: suave el primero, duro el segundo». Añade que él es de ascendencia portuguesa, inglesa y vasca. Algo dieron los vascos a la civilización después de todo. Y por cierto, esos dos apellidos, Góngora y Argote, sí que son de origen vasco.
1957. Martes, 18 de junio. Come en casa Borges. Hablando del idioma vasco, comenta: «Qué raro ese idioma, tan antiguo y con tan pocas palabras. Para decir “árbol” dicen “arbola”». Parece evidente que lo decía por el “Gernikako arbola” de Iparraguirre. Sin embargo, ya en el “Gero” de Axular, siglo XVII, aparecía la palabra zuhaitz para decir “árbol”.
1957. De un tal Erro (seguramente Carlos Alberto Erro) dice: Cuando le conviene también es patriota vasco. Todos tenemos algo de sangre vasca, pero no somos tan profesionalmente vascos como Erro. Es curioso ese “todos”. La frase suena a cierto orgullo, sin pasarse, de tener esa procedencia.
1960. BIOY: «¿Qué dieron los vascos a la civilización?». BORGES: «Baroja, Unamuno, algún mal pintor, algunos políticos, como Zumalacárregui. Qué raro que Góngora y Argote sea andaluz, que esos dos nombres no sean vascos. Qué lindo suena Pío Baroja: suave el primero, duro el segundo». Añade que él es de ascendencia portuguesa, inglesa y vasca. Algo dieron los vascos a la civilización después de todo. Y por cierto, esos dos apellidos, Góngora y Argote, sí que son de origen vasco.
martes, 28 de abril de 2026
Borges y los vascos (1)
Leyendo la crítica de una novela del argentino Martín Caparrós me salta a la vista esta frase: “el golpe del 30, cuando Uriburu derrocó a Yrigoyen”. No tenía ni idea de quienes eran estos dos, pero en cualquier caso ambos descendían de vascos.
En Argentina, según Google, el 10 por ciento de la población tiene ascendencia vasca. También la tenía, lo mencionó él mismo varias veces, Jorge Luis Borges. Sin embargo, a lo largo de su vida echó pestes de los vascos. Pero no siempre, no hay que descartar que lo hiciera de cara a la galería, como parte del personaje que todos tenemos para relacionarnos con el mundo.
Ese año de 1930 Borges, que estaba a punto de eclosionar como genio de la literatura, conoció a un escritor de solo 17 años con el que más tarde forjaría una gran amistad. Se llamaba, seguramente ya lo has adivinado, Adolfo Bioy Casares. Juntos publicaron muchos textos y, además, a partir de 1947, y hasta la muerte de Borges en 1986, Bioy llevó un diario en el que reflejaba lo que se decía en sus encuentros.
En Argentina, según Google, el 10 por ciento de la población tiene ascendencia vasca. También la tenía, lo mencionó él mismo varias veces, Jorge Luis Borges. Sin embargo, a lo largo de su vida echó pestes de los vascos. Pero no siempre, no hay que descartar que lo hiciera de cara a la galería, como parte del personaje que todos tenemos para relacionarnos con el mundo.
Ese año de 1930 Borges, que estaba a punto de eclosionar como genio de la literatura, conoció a un escritor de solo 17 años con el que más tarde forjaría una gran amistad. Se llamaba, seguramente ya lo has adivinado, Adolfo Bioy Casares. Juntos publicaron muchos textos y, además, a partir de 1947, y hasta la muerte de Borges en 1986, Bioy llevó un diario en el que reflejaba lo que se decía en sus encuentros.
De ahí salió el libro titulado “Borges”. Tiene su gracia que una y otra vez inicie las anotaciones con la frase “Come en casa Borges”. En sus muchas páginas se menciona varias veces a los vascos. Estos comentarios, hechos por Borges en su vida privada, pueden dar una idea más auténtica de lo que pensaba de los vascos, aunque está claro que tampoco era un tema que le obsesionase.
sábado, 25 de abril de 2026
Waterloo
Otra canción de viejo aficionado a la música pop: My, my / at Waterloo / Napoleon did surrender; me aprendí este comienzo. La letra, según he ido sabiendo, se refiere en realidad a una relación amorosa, al fracaso o al triunfo, porque no sé si se trata de una cosa o de la otra; no sé si se está rindiendo al amor o es el amor el que está fracasando; en fin, la típica canción de amor o desamor, que parecido da.
El acierto de esa letra es meter por medio la batalla de Waterloo y a Napoleón. La reminiscencia del encuentro entre miles de soldados que pugnaron por matar a los de enfrente hace más atractiva la canción debido a esa interpretación errónea de la guerra que nos hemos metido en la cabeza desde que Caín mató a Abel.
Waterloo, donde la vieja guardia no se rindió, o eso dice la leyenda, pero Napoleón salió derrotado. Un brillo romántico incomprensible puestos a pensarlo. Pero no nos ponemos y lo que se nos pone un poco es la piel de gallina con el comienzo de la canción y el restallar de las voces y la base rítmica que nos recuerdan a los cañones en Waterloo, donde Napoleón (napolion) se tuvo que rendir (did surrender), qué emoción.
Claro que todo esto de la letra es importante pero accesorio si lo comparamos con la fuerza de la música, la belleza de las voces y de las chicas; incluso de los chicos, supongo. Mi mejor canción de todos los tiempos de Eurovisión es Waterloo del grupo Abba. Pero bueno, no soy fiable, no soy fan del festival, no puedo con su presunto glamur ni escucho las canciones, puede que solo sea nostalgia.
El acierto de esa letra es meter por medio la batalla de Waterloo y a Napoleón. La reminiscencia del encuentro entre miles de soldados que pugnaron por matar a los de enfrente hace más atractiva la canción debido a esa interpretación errónea de la guerra que nos hemos metido en la cabeza desde que Caín mató a Abel.
Waterloo, donde la vieja guardia no se rindió, o eso dice la leyenda, pero Napoleón salió derrotado. Un brillo romántico incomprensible puestos a pensarlo. Pero no nos ponemos y lo que se nos pone un poco es la piel de gallina con el comienzo de la canción y el restallar de las voces y la base rítmica que nos recuerdan a los cañones en Waterloo, donde Napoleón (napolion) se tuvo que rendir (did surrender), qué emoción.
Claro que todo esto de la letra es importante pero accesorio si lo comparamos con la fuerza de la música, la belleza de las voces y de las chicas; incluso de los chicos, supongo. Mi mejor canción de todos los tiempos de Eurovisión es Waterloo del grupo Abba. Pero bueno, no soy fiable, no soy fan del festival, no puedo con su presunto glamur ni escucho las canciones, puede que solo sea nostalgia.
miércoles, 22 de abril de 2026
Querer y ser querido
Lo que mejor se le da al ser humano, en general, —y con diferencia— es ser querido. Mucho mejor que querer, me parece. Igual lo digo influido por el caso más cercano que conozco —el mío— y la gente es más generosa de lo que parece. Podía haber escrito, amar y ser amados, pero soy reacio a la palabra amor, me suena a ficción, a sucesos lejanos, a encuentros en la tercera fase que solo conozco por las películas.
Prefiero la no-ficción, la realidad de querer y ser querido. Lo que no sé es cuál es en la no-ficción la palabra correspondiente al “amor” de la ficción. Apego, afecto, estima; la que más me gusta, sin acabar de convencerme del todo, es cariño. El cariño, o el apego o el afecto, es la argamasa que cohesiona las pequeñas comunidades humanas. Falta por descubrir qué es lo que necesitaríamos para que las distintas sociedades, culturas, como queramos llamarlas, se encariñen entre sí y se acaben las guerras.
Por motivos misteriosos, o evidentes —según lo mires— los lazos más fuertes entre humanos son los familiares. Cuando toca odiarse también. En todo caso siempre se trata de corrientes alternas, de doble dirección; querer y ser querido (odiar y ser odiado).
Lo llevamos en el ADN, el afecto mutuo, la necesidad de los demás. Para que te quieran tienes que querer —se supone— y más de uno ha dicho que, en esta vida, haber amado es suficiente para morir tranquilo, satisfecho de haber cumplido. Es curioso que la frase que sepa decir en más idiomas sea “te quiero”: te quiero, I love you, je t’aime, t’estimo, ti amo, maite zaitut. Seis, no está mal; y sí, de acuerdo, seguramente debería haber escrito “te amo”, será una manía.
Prefiero la no-ficción, la realidad de querer y ser querido. Lo que no sé es cuál es en la no-ficción la palabra correspondiente al “amor” de la ficción. Apego, afecto, estima; la que más me gusta, sin acabar de convencerme del todo, es cariño. El cariño, o el apego o el afecto, es la argamasa que cohesiona las pequeñas comunidades humanas. Falta por descubrir qué es lo que necesitaríamos para que las distintas sociedades, culturas, como queramos llamarlas, se encariñen entre sí y se acaben las guerras.
Por motivos misteriosos, o evidentes —según lo mires— los lazos más fuertes entre humanos son los familiares. Cuando toca odiarse también. En todo caso siempre se trata de corrientes alternas, de doble dirección; querer y ser querido (odiar y ser odiado).
Lo llevamos en el ADN, el afecto mutuo, la necesidad de los demás. Para que te quieran tienes que querer —se supone— y más de uno ha dicho que, en esta vida, haber amado es suficiente para morir tranquilo, satisfecho de haber cumplido. Es curioso que la frase que sepa decir en más idiomas sea “te quiero”: te quiero, I love you, je t’aime, t’estimo, ti amo, maite zaitut. Seis, no está mal; y sí, de acuerdo, seguramente debería haber escrito “te amo”, será una manía.
domingo, 19 de abril de 2026
Calada
Oído en una película: “Una relación auténtica es aquella en la que puedes ser también infeliz”. Tiene sentido, no se puede ser feliz todo el tiempo y cuando toca infelicidad que por lo menos no te abandone el desodorante, digo la persona que se queda a tu lado cuando se apagan los focos.
En la misma película, está fumando el hombre en la cama y la mujer le dice: give me a drag. Explicaciones, se trata de la pareja protagonista, la que aspira a ser infelices juntos, o aspirará, porque esto pasa antes. Segunda explicación, give me a drag le dice, después de hacer lo que hicieran en la cama, porque estoy viendo la película en inglés y subtitulada en inglés (si no, no me entero bien).
El traductor simultáneo en mi cerebro me apunta: “dame una calada”. ¿Hacía cuanto tiempo que no aparecía la palabra “calada” en mi vida? Años, lustros, décadas tal vez. En parte por la caída en desgracia del tabaco y porque no tengo trato cercano con gente fumadora. Tenía un amigo, no fumador, que se casó con una fumadora que ahora está viuda.... Me limito a los hechos.
Dar una “calada” es aspirar el humo de un cigarro o puro. Del verbo calar, pero no recuerdo haber oído nunca “calar un cigarrillo”. Se me ocurren otras tres acepciones, calar por darse cuenta de algo, “le calé a la primera”, calar por empapar, “llegué calado hasta los huesos” o calar por encasquetar, “se caló la gorra”, o el sombrero.
Conclusión, esta es mi lengua materna, el castellano (o español); ejemplo y demostración con calar, calado, calarse, calada. En cambio, de la palabra inglesa drag no estoy seguro de nada. Creo que significa “arrastrar”, “tirar de”, incluido este tirar del cigarrillo, “dame una tirada”, give me a drag. Podrá significar más cosas, seguro. Y luego, sí, claro, conozco el término drag queen, que viene (esto lo he mirado) de arrastrar por el suelo de un escenario un traje glamuroso.
En la misma película, está fumando el hombre en la cama y la mujer le dice: give me a drag. Explicaciones, se trata de la pareja protagonista, la que aspira a ser infelices juntos, o aspirará, porque esto pasa antes. Segunda explicación, give me a drag le dice, después de hacer lo que hicieran en la cama, porque estoy viendo la película en inglés y subtitulada en inglés (si no, no me entero bien).
El traductor simultáneo en mi cerebro me apunta: “dame una calada”. ¿Hacía cuanto tiempo que no aparecía la palabra “calada” en mi vida? Años, lustros, décadas tal vez. En parte por la caída en desgracia del tabaco y porque no tengo trato cercano con gente fumadora. Tenía un amigo, no fumador, que se casó con una fumadora que ahora está viuda.... Me limito a los hechos.
Dar una “calada” es aspirar el humo de un cigarro o puro. Del verbo calar, pero no recuerdo haber oído nunca “calar un cigarrillo”. Se me ocurren otras tres acepciones, calar por darse cuenta de algo, “le calé a la primera”, calar por empapar, “llegué calado hasta los huesos” o calar por encasquetar, “se caló la gorra”, o el sombrero.
Conclusión, esta es mi lengua materna, el castellano (o español); ejemplo y demostración con calar, calado, calarse, calada. En cambio, de la palabra inglesa drag no estoy seguro de nada. Creo que significa “arrastrar”, “tirar de”, incluido este tirar del cigarrillo, “dame una tirada”, give me a drag. Podrá significar más cosas, seguro. Y luego, sí, claro, conozco el término drag queen, que viene (esto lo he mirado) de arrastrar por el suelo de un escenario un traje glamuroso.
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