miércoles, 18 de enero de 2017

Del paso del tiempo

Había una escritora que apostaba por no usar adjetivos. Razonaba que sólo servían para añadir información superflua. Así, si tenemos un árbol, ¿qué más da si es grande o pequeño?, es un árbol y ya hemos dicho suficiente al respecto, sigamos con nuestra narración. Bueno, estoy por la concisión en las exposiciones, pero ningún adjetivo... me parece excesivo. Otro escritor comentaba que había que evitar el uso de adverbios acabados en mente. Desgraciadamente es un consejo que aunque me parece bastante acertado, por las palabras extraordinariamente largas que se generan, no consigo seguir. Esta introducción (que no tiene nada que ver con el paso del tiempo) ha sido motivada por el comienzo real, por la primera palabra, de esta entrada. Allá va. Comienzo real de la entrada. Últimamente en los momentos de relajación, de cierta paz, me asalta un pensamiento recurrente: ojalá el tiempo se detuviera ahora, que este instante durase para siempre. O no este instante, esta tarde, estos días. Que esta semana no se acabara nunca. Que este respiro entre preocupaciones, ausencias, angustias, fuera eterno. Que nos pase como a Aquiles, que nunca alcancemos a la tortuga. Anoche tuve un sueño que de alguna manera veo conectado con este deseo de frenar el (paso del) tiempo. No recuerdo gran cosa, sólo que un hombre con pelo largo y barba hablaba, divagaba, sobre esto y aquello. Parecía el típico personaje al que le gusta distinguirse, ser original y nadar a poder ser a contracorriente. Y cuando acababa su perorata, su despedida, que me ha sorprendido y confirmado mi impresión de su firme propósito de ser original, su despedida, digo, ha sido "hasta ayer". No "hasta mañana", o "hasta luego" o "hasta siempre", sino "hasta ayer". Aquí lo enlazo con ese deseo de ralentizar el tiempo. "Hasta ayer", o sea que el día siguiente no será mañana, sino ayer. Ayer nos veremos otra vez y seguiremos aferrándonos al presente. Hago mía la despedida (¿o ya era mía porque la he soñado?). A los que habéis llegado hasta aquí conmigo, ¡hasta ayer!.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Más citas citables

Sobre la democracia. Leo en el periódico una buena frase atribuida a Benjamin Franklin: "democracia es dos lobos y un cordero votando qué van a cenar". Lo mismo con otras palabras dijo una vez Borges: "la democracia es un abuso de la estadística". Bonitas frases que expresan una faceta de la democracia, su lado oscuro tal vez. Más luz sobre el tema nos da otra conocida frase atribuida a Winston Churchill: "la democracia es el peor de los sistemas de gobierno, si exceptuamos todos los demás". "Atribuida", decía, y es que Franklin nunca dijo nada de dos lobos y un cordero (por cierto que he visto en algún lado "dos lobos y una oveja"... para cenar mejor cordero, ¿no?) y Churchill sí que dijo lo del peor sistema posible, pero puntualizando que "alguien" lo había dicho antes. En los tres casos la frase es sólo parte de más amplios razonamientos, que por vagancia intelectual nos saltamos. Y digo yo que las pegas a la democracia de las dos primeras están basadas en la pobre opinión sobre sus congéneres de Marvin Simkin (el que de verdad dijo lo de los lobos y el cordero) y Borges. Pobre opinión que está plenamente justificada y a los hechos me remito (el mundo va fatal, etc). Al final el sistema político debería ser irrelevante, en un mundo de personas correctamente educadas cualquier sistema valdría. Benjamin Franklin, que fue un gran hombre, sí enumeró trece virtudes que se propuso cultivar: templanza, silencio, orden, resolución, frugalidad, trabajo, sinceridad, justicia, moderación, limpieza, serenidad, castidad y humildad (bueno, vienen cada una con una breve explicación, por ejemplo justicia:  no perjudiques a nadie, ni haciéndole daño ni omitiendo lo que es tu deber). Si todos fuéramos de ese pelaje, ¿importaría el sistema político?. Ser solvente en las trece es (casi) imposible claro, pero en todo caso la preocupación prioritaria de la humanidad debería ser la educación. Y creo que Franklin, Borges y Churchill estarían de acuerdo.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Gol en la final.

Está la tele encendida y donde veo que están dando un gol mío, de penalty. Resulta que es una final de copa. Me extraña porque no lo recuerdo, pero ahí están las imágenes en las que engaño al portero y coloco el balón junto al palo izquierdo. Ahora es el entrenador el que aparece y declara "sí, le ha dado mal, pero, bueno, ha sido gol". Es cierto, pendiente como estaba del portero, mirándole fijamente, no medí bien y le di al balón de refilón. Mejor, porque si le doy bien o la mando fuera o me la para. Al darle mal el tiro salió bastante flojo pero con un efecto extraño que despistó al portero. Me voy situando y me da la impresión de que el estadio era el Manzanares y el resultado final fue de dos a cero. Mi gol no fue decisivo pero, caramba, ¡un gol en una final de copa!. Y encaja el hecho de que fuera de penalty, con dos piernas "tontas" como es mi caso no es fácil meterlo de otra manera (sin olvidar que le di mal). Cuanto más lo pienso, menos me lo creo. Sería más factible, sí debe ser eso, que la final no fuera de fútbol profesional sino de aficionados, o quizás juveniles. Una vez metí un gol en una final (otra vez se disparó una escoba). Un gol olvidado de una final olvidada (tal vez soñada).

martes, 15 de noviembre de 2016

Metafísica

He pasado por la farmacia y he tenido un pequeño contratiempo con una receta. No es lo mismo que algo esté en cápsulas o en grageas (yo iba pensando en pastillas). Todos los días se sigue aprendiendo (recordando) algo, aunque muchas veces no puedes elegir qué. Luego he ido al bar y el camarero me ha dicho, me ha preguntado, que a qué hemos venido aquí. ¿A tomar un café?, le he contestado, y que no, que él decía que a qué habíamos venido a este, taco, mundo. Una pregunta retórica, algo se le había torcido antes de entrar yo; pero también una pregunta que nos hacemos a menudo los humanos, aunque no sea un tema frecuente de conversación. Una pregunta que pide otras preguntas, venimos ¿de dónde?, y nosotros ¿quienes? (y ¿qué es el Ser?, pero esa se la dejo a Kant). Y al camarero no le he dicho nada, pero para mí que puede que no hayamos venido de ningún sitio. Ya estábamos por aquí, más o menos, si es que somos materia. Materia sublimemente organizada, el premio gordo de la lotería galáctica de la organización molecular (a un árbol le tocó la pedrea, a una roca nada). El ser humano es una combinación afortunada de materia con la capacidad aparente de pensar. Aparente porque no lo veo claro, ¿de verdad que pensamos tomados de uno en uno?. Si yo escribo ésto (o cualquier otra bobada) ¿es merced a mi individual, único e intransferible ingenio, o es más bien el producto de todo lo que me ha ido empapando y que mi (combinación afortunada de) materia ha filtrado?. Pero bueno, el camarero lo que  preguntaba era a qué hemos venido a este mundo, y la verdad es que por más que filtro no tengo ni idea.

martes, 8 de noviembre de 2016

Young As We Are - Sal Mineo (1959)

Sal Mineo, nacido en el Bronx, Nueva York, en 1939, saltó a la fama como actor en 1955 al participar en la película "Rebelde sin causa" junto a James Dean. En años sucesivos desarrolló también  una pequeña carrera como cantante y en 1959 se publicó, como cara B de un single, esta redonda balada juvenil que interpreta con voz acariciante. El compositor era otro joven de 20 años (nacido igualmente en Nueva York, pero en otro distrito, Brooklyn) que se ha convertido con los años en uno de los más grandes autores de la música pop: Barry Mann.

jueves, 27 de octubre de 2016

Gone global

De la lluvia de información que nos cae encima, el goteo (malayo, inmisericorde) del móvil, el aguacero de internet, los chaparrones de los ya casi anticuados (casi románticos) canales de televisión, el sirimiri de la radio (ancestral), la lluvia mansa del periódico (o de un libro). Todo el mundo siendo ocurrente al mismo tiempo y yo solo capto retazos de conversaciones. Me quedo con algunos nombres, un puñado de anécdotas (que luego olvido precipitadamente). Me da la impresión de que chapoteo en la orilla del mar y juego a vaciarlo con mi cubo de juguete. Y medito que cualquier tarde me pongo a ello en serio, a vaciar el mar. En cuanto tenga algo de tiempo, en cuanto deje de llover.

jueves, 13 de octubre de 2016

Dejo caer un nombre

Otra palabra que vuelve a mi cabeza desde alguna parte donde ha debido estar escondida estos últimos tiempos es "brizna". "Brizna de hierba" en su combinación más ecológica, imagino. Y también imagino que si Walt Whitman hubiera escrito sus poemas en castellano habría titulado así su famoso libro, "briznas de hierba" en vez de "hojas de hierba"; lo digo desde el desconocimiento. Y tal vez lo digo debido a un irresistible impulso que me ha obligado a mencionar a Whitman, a decir en voz alta que "le conozco". Y añado, en voz baja, que no he leído nada suyo. No hace mucho que he aprendido como se denomina (en inglés) esta práctica de colar nombres conocidos en una conversación o canción o novela: name-dropping, dejar caer nombres. Se ha hecho siempre, me excuso.