Me ha llamado la atención una coincidencia, o tendencia, que he observado en varias de estas series. Hasta en cuatro, un número suficiente para dudar de que sea una simple casualidad. Es el hecho de que la protagonista sea una mujer con alta capacidad intelectual y, al mismo tiempo, con ciertos problemas mentales.
Las repaso por orden cronológico. En la americana Homeland, su protagonista, Carrie Mathison, padece de trastorno bipolar y posee extraordinarias habilidades para desbaratar tramas terroristas. Estas habilidades se afilan, precisamente, cuando descuida la medicación y su mente se pasea por los límites de la locura (Carrie es, en la ficción, la agente más díscola de toda la historia de la CIA).
En la francesa Astrid et Raphaëlle, Astrid es una funcionaria de los archivos de la policía con el síndrome de Asperger. Es una incansable rastreadora de informes policiales y no se le escapa un detalle en el escenario de un crimen. Forma un equipo bien compenetrado con la inspectora Raphaëlle. Parte de la gracia de la serie es la progresiva socialización de Astrid.
Continuará...
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