jueves, 12 de febrero de 2026

La euforia del hombre

    La llamada “guerra de sexos” era un género cinematográfico basado en los roles del hombre y la mujer, que eran opuestos en casi todo. Aunque el tema es eterno, los papeles ya no están tan definidos, por fortuna, y, de hecho, ni las mismos categorías, masculina y femenina son tan exclusivas. Lo digo por una frase que he escuchado y que encajaría en cualquiera de aquellas películas; por ejemplo, en “El hombre tranquilo” de John Ford.
    Puedo imaginar una escena en la taberna en la que, a cuenta del interés del protagonista por la pelirroja Maureen O’Hara, el típico secundario achispado se quita con la mano derecha la pipa de la boca al tiempo que coge el brazo de John Wayne con la izquierda e inclinándose hacia él le dice, muy serio: “La mujer pronto le quita la euforia al hombre”.
    Esta sentencia, literal, la he oído hace poco atribuida a un tercero que solía decirla. La mujer pronto le quita la euforia al hombre. Me gustan, y sobre todo me divierten, por un lado, la sintaxis dislocada; por otro, el uso de la palabra “euforia” y la especie de superioridad que se otorga a esa mujer, de otra época, que sabe ver las cosas como son y baja de la nube al iluso.
    Al hilo de esto me he acordado de dos pequeñas anécdotas. Una de mi abuela que decía que después de casarse, cuando se enfadaba, se iba a la cama sin cenar, pero luego espabiló y no volvió a acostarse en ayunas. La otra un incidente en un bar viendo un partido del Athletic. Llegó una mujer y se sentó al lado de su marido que ya llevaba unos tragos. En seguida le empezó a decir en voz baja, pero no tanto, y tono despectivo: ¡borracho!, estás borracho… , el hombre agachaba la cabeza, avergonzado, y ella seguía, marcando mucho las erres, ¡borracho!, más que borracho...

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