domingo, 4 de octubre de 2026

Libro de aforismos

    ¿Cuántos aforismos hacen falta para editar un libro? La pregunta es errónea, o coja, lo importante no es el número sino la calidad. Vale, de acuerdo, pero por tener el dato. Benjamín Prado, que ha publicado varios, apunta que para el primero esperó a juntar quinientos (en realidad se los juntó un colaborador espigando sus otros libros). Quinientos son muchos, muchísimos. Otras fuentes, más tolerantes, rebajan la cifra hasta un mínimo de cien. Cien aforismos, eso se puede intentar. Otra cosa es que a alguien le interese publicarlos. No importa, nadie te puede quitar la diversión.
    Claro que si esos cien son breves, no darán para un libro, si acaso para un folleto, panfleto u opúsculo. En un caso extremo para una hoja volandera (qué bonito, hoja volandera).
    El aforismo, si es bueno, cuanto más corto mejor. Un ejemplo sería el “pienso, luego existo” de Descartes. En general son más largos. Nadie les ha puesto un límite en cuanto a número de palabras, que yo sepa. Contaré, como leyenda apócrifa, que Immanuel Kant quiso escribir un aforismo matizando el de Descartes, se lió (se le fue la mano) y acabó publicando la “Crítica de la razón pura”, un libro de más de ochocientas páginas. A esta obra nadie le ha querido reconocer la categoría de aforismo (si bien largo). Es broma.
    Sin llegar a poner un tope a la longitud del aforismo, a efectos de valorar su publicación convendría clasificarlos al menos en dos categorías, cortos o largos. Dicho de otra forma, puros o explicativos. Y de una tercera, drásticos y contingentes (defiendo esta última formula por su valor lírico más que por su precisión semántica).
    No quiero terminar este texto sin incluir un aforismo sobre la vanidad que catalogaría en el grupo de los cortos, puros o drásticos. No sé si es bueno o malo, lo que sí le veo es el atractivo de ser caritativo con la condición humana. Helo aquí: Lo más parecido a no ser vanidoso es serlo sin que se note.

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