Hace un par de años me enteré de la existencia del término manic pixie dream girl, acuñado hace unos veinte por un crítico de cine (Nathan Rabin) para referirse al personaje de la chica efervescente, alocada, independiente y divertida que enamora irremediablemente al protagonista masculino.“Duende chiflada de ensueño” sería un intento de traducción. Claro que hay que añadir que gran parte del encanto de ese personaje tipo está en realidad en la imaginación del antagonista masculino.
Curiosamente la primera vez que oí la expresión fue en boca de una chica que encajaba ella misma en el modelo. El término es nuevo (relativamente) pero el concepto antiguo, qué otra cosa sino manic pixie dream girls eran Katharine Hepburn en “La fiera de mi niña” (1938) o Barbara Stanwyck en “Las tres noches de Eva” (1941).
Fuera del cine las flappers de los años veinte también se pueden considerar un precedente. Con este conocimiento en mente me llevé una sorpresa al encontrar otro anterior, este literario y de finales del siglo XIX, que tal vez sea la primera aparición del estereotipo en la edad moderna. Me refiero a las jeunes filles en fleurs, las muchachas en flor de Marcel Proust en "En busca del tiempo perdido".
En su fulgurante aparición, el protagonista, y narrador, las ve acercarse por el malecón de Balbec: son cinco o seis, dice, y llegan desenvueltas, con cierta mezcla de encanto, flexibilidad y elegancia física, como bailarinas de vals; una empuja una bicicleta, otras dos portan palos de golf... sin atreverme a mirarlas fijamente, veía asomar un óvalo blanco, unos ojos negros, unos ojos verdes… la traslación continua de una belleza fluida, colectiva y móvil... carácter atrevido, frívolo y duro y sigue en tonos parecidos hasta el momento culminante de la escena, cuando al ver a un anciano sentado en una silla plegable la mas alta echó a correr sin titubear y, para júbilo y admiración de sus compañeras, saltó por encima rozando con los pies la gorra marinera del anciano espantado...
Curiosamente la primera vez que oí la expresión fue en boca de una chica que encajaba ella misma en el modelo. El término es nuevo (relativamente) pero el concepto antiguo, qué otra cosa sino manic pixie dream girls eran Katharine Hepburn en “La fiera de mi niña” (1938) o Barbara Stanwyck en “Las tres noches de Eva” (1941).
Fuera del cine las flappers de los años veinte también se pueden considerar un precedente. Con este conocimiento en mente me llevé una sorpresa al encontrar otro anterior, este literario y de finales del siglo XIX, que tal vez sea la primera aparición del estereotipo en la edad moderna. Me refiero a las jeunes filles en fleurs, las muchachas en flor de Marcel Proust en "En busca del tiempo perdido".
En su fulgurante aparición, el protagonista, y narrador, las ve acercarse por el malecón de Balbec: son cinco o seis, dice, y llegan desenvueltas, con cierta mezcla de encanto, flexibilidad y elegancia física, como bailarinas de vals; una empuja una bicicleta, otras dos portan palos de golf... sin atreverme a mirarlas fijamente, veía asomar un óvalo blanco, unos ojos negros, unos ojos verdes… la traslación continua de una belleza fluida, colectiva y móvil... carácter atrevido, frívolo y duro y sigue en tonos parecidos hasta el momento culminante de la escena, cuando al ver a un anciano sentado en una silla plegable la mas alta echó a correr sin titubear y, para júbilo y admiración de sus compañeras, saltó por encima rozando con los pies la gorra marinera del anciano espantado...