La puerta del portal de casa no cierra bien. Tenemos instalado ese artilugio que se coloca, mediante un brazo articulado, entre el marco y la misma puerta e incorpora, dentro de una carcasa, el mecanismo que hace que se cierre sola. Este consiste en un muelle o resorte que al abrir la puerta se comprime y al soltarla —una vez que la persona ha entrado o salido— tiende a recuperar su estado original, tira de la puerta y la cierra.
Este aparato se llama, adivina, cierrapuertas. En realidad, es más complicado. Lleva un aceite hidráulico que se desplaza a merced del resorte. Un par de válvulas controlan el paso del líquido y permiten ajustar la velocidad del movimiento para que la puerta ni se cierre con excesiva fuerza —dando un (desagradable) portazo— ni lo haga con tan poca que acabe apoyada en el marco pero sin cerrarse.
Una vez bien ajustadas estas válvulas, el pestillo de la puerta, de tipo resbalón, al apoyarse en el marco se retraerá con suavidad y acabará encajando, con el característico clic, en el cerradero, que es la pieza metálica del marco en la que se aloja.
¿Se ha entendido algo? Pues, ahora mismo, el cierrapuertas que tenemos instalado en el portal de casa se debe de haber desajustado y la puerta queda vuelta, apoyada en el marco pero abierta. No hace clic.
Duroderroer
...with no particular place to go.
miércoles, 7 de enero de 2026
domingo, 4 de enero de 2026
Chi non ce la fa
Pronúnciese qui-non-che-la-fá. De primeras, ni idea del significado pero a que suena bien. Es que insisto con la canción de Branduardi, que es también la del mes en este blog. Entiéndase “mes” en un sentido metafórico o figurativo o como una forma de hablar o de hacer una broma inocente (uno intenta explicarse y se equivoca tres veces con la ilusión de haber acertado una cuarta, que no sé).
Insisto en la canción por una sutileza que deja caer hacia el final y me ha sorprendido para bien. Lo pongo primero en italiano:
Non è da tutti catturare la vita
non disprezzate chi non ce la fa.
En traducción más o menos libre sería:
No todos pueden capturar la vida
no menosprecies a quien no llegue a hacerlo.
“Capturar la vida” vale aquí por interpretarla como pide que se haga Angelo Branduardi: hay que disfrutar de los días porque se pasan rápido. Me gusta esta observación de que no todo el mundo sabe hacerlo (non è da tutti, no es de todos) y parte de la sabiduría de los que alcanzan a conmoverse con la canción de Branduardi reside en no hacer de menos a chi non ce la fa.
Además de estar de acuerdo, lo que pienso es que no solo no debemos despreciarlos sino que haríamos muy bien en darnos por aludidos y preguntarnos hasta que punto “capturamos la vida” cada uno de nosotros. Como decía Sancho Panza, “no se hizo la miel para la boca del asno” y algo de asnos tenemos todos. El que no se sienta un poco así que tire la primera coz.
Insisto en la canción por una sutileza que deja caer hacia el final y me ha sorprendido para bien. Lo pongo primero en italiano:
Non è da tutti catturare la vita
non disprezzate chi non ce la fa.
En traducción más o menos libre sería:
No todos pueden capturar la vida
no menosprecies a quien no llegue a hacerlo.
“Capturar la vida” vale aquí por interpretarla como pide que se haga Angelo Branduardi: hay que disfrutar de los días porque se pasan rápido. Me gusta esta observación de que no todo el mundo sabe hacerlo (non è da tutti, no es de todos) y parte de la sabiduría de los que alcanzan a conmoverse con la canción de Branduardi reside en no hacer de menos a chi non ce la fa.
Además de estar de acuerdo, lo que pienso es que no solo no debemos despreciarlos sino que haríamos muy bien en darnos por aludidos y preguntarnos hasta que punto “capturamos la vida” cada uno de nosotros. Como decía Sancho Panza, “no se hizo la miel para la boca del asno” y algo de asnos tenemos todos. El que no se sienta un poco así que tire la primera coz.
jueves, 1 de enero de 2026
Domenica e lunedi - Angelo Branduardi (1994)
Comienza el año y como decía ayer Txani Rodríguez hay que fracasar desde el principio, para que no se nos acumule luego la tarea. Desconfío de los propósitos de Año Nuevo; en todo caso me valdrían los de diario, si los hubiera. Aprovecho para sugerir una canción que me parece apropiada, una que es al mismo tiempo animosa y melancólica.
Angelo Branduardi fue un violinista precoz y es un reconocido autor e intérprete de música popular (aunque aquí no ha sido muy conocido). Ya en la madurez compuso este “Domenica e lunedi” con letra adaptada por él mismo y su esposa Luisa Zappa de un poema de Franco Fortini.
El texto es una llamada a vivir el momento y un recordatorio de la fugacidad de la vida, como se apunta en el mismo título y luego se aclara en la frase repetida de que dopo domenica e lunedi (después del domingo viene, siempre, el lunes). Adaptada al momento: hoy es la fiesta de Año Nuevo y mañana un viernes laborable (ahí lo dejo).
El arreglo musical, los coros, la ondulante melodía, el mensaje a la vez proactivo y desencantado y, en especial, la dulzura del italiano, todo me gusta.
Te canto un poco del estribillo:
Se ne va
è la vita che se va
se ne va
di domani nessuno lo sa.
(Se va
es la vida que se va
se va
nadie sabe del mañana)
Angelo Branduardi fue un violinista precoz y es un reconocido autor e intérprete de música popular (aunque aquí no ha sido muy conocido). Ya en la madurez compuso este “Domenica e lunedi” con letra adaptada por él mismo y su esposa Luisa Zappa de un poema de Franco Fortini.
El texto es una llamada a vivir el momento y un recordatorio de la fugacidad de la vida, como se apunta en el mismo título y luego se aclara en la frase repetida de que dopo domenica e lunedi (después del domingo viene, siempre, el lunes). Adaptada al momento: hoy es la fiesta de Año Nuevo y mañana un viernes laborable (ahí lo dejo).
El arreglo musical, los coros, la ondulante melodía, el mensaje a la vez proactivo y desencantado y, en especial, la dulzura del italiano, todo me gusta.
Te canto un poco del estribillo:
Se ne va
è la vita che se va
se ne va
di domani nessuno lo sa.
(Se va
es la vida que se va
se va
nadie sabe del mañana)
lunes, 29 de diciembre de 2025
El frío
Esta mañana, al salir de casa, el frío me ha mordido en la nuca. Ha llegado el invierno y por una parte me alegro, por lo del cambio climático (será bueno que haga frío) y por otra me asusto, llega el general Invierno, el que derrotó a Hitler y a Napoleón y del que no me gustaría ser víctima. Esta mañana me ha mordido el frío, collons, y me he apresurado a colocar bien el cuello del anorak y cerrar hasta arriba la cremallera pensando, con alivio, que por lo menos no llovía.
No recuerdo que de pequeño —hace tanto tiempo— sintiera frío, así de decir. En casa no había más calefacción que una estufa de gas, butano creo que era. En la escuela también había una estufa, de leña, nada más. Claro que nuestra madre nos abrigaba para ir a la escuela y eso. Una vez quiso comprarnos unos pasamontañas pero nos negamos en redondo, nos daba vergüenza, mira que bobada. No me recuerdo nunca tiritando, ni el frío ni el calor fueron relevantes en mi primera infancia. Lo atribuyo a la vitalidad de los pocos años; o igual es que lo he olvidado, sin más.
Ahora, tenemos calefacción con radiadores y una caldera de gas en el tendedero —ya vieja pero en perfecta forma— que mantiene la casa a 20 grados, como recomiendan, una temperatura estupenda para estar más o menos quieto, con un jersey ligero, haciendo lo que sea, leer, ver una película, teclear esto en el ordenador. Por la noche la apagamos. Es el estado de bienestar… para los privilegiados; eso quería decir, que soy consciente de nuestra suerte y de que cada año el general Invierno se sigue llevando a mucha gente por delante.
No recuerdo que de pequeño —hace tanto tiempo— sintiera frío, así de decir. En casa no había más calefacción que una estufa de gas, butano creo que era. En la escuela también había una estufa, de leña, nada más. Claro que nuestra madre nos abrigaba para ir a la escuela y eso. Una vez quiso comprarnos unos pasamontañas pero nos negamos en redondo, nos daba vergüenza, mira que bobada. No me recuerdo nunca tiritando, ni el frío ni el calor fueron relevantes en mi primera infancia. Lo atribuyo a la vitalidad de los pocos años; o igual es que lo he olvidado, sin más.
Ahora, tenemos calefacción con radiadores y una caldera de gas en el tendedero —ya vieja pero en perfecta forma— que mantiene la casa a 20 grados, como recomiendan, una temperatura estupenda para estar más o menos quieto, con un jersey ligero, haciendo lo que sea, leer, ver una película, teclear esto en el ordenador. Por la noche la apagamos. Es el estado de bienestar… para los privilegiados; eso quería decir, que soy consciente de nuestra suerte y de que cada año el general Invierno se sigue llevando a mucha gente por delante.
viernes, 26 de diciembre de 2025
Pensar, sentir
Lo más volátil que hay en el mundo son los pensamientos, apenas surgen se evaporan como isótopos inestables de la mente. Pensar, nunca he sabido como se hace. Los antiguos tampoco lo sabían e inventaron la lógica para entenderlo. En lo básico no hemos cambiado nada desde entonces; y cuando digo nada quiero decir nada.
Para pensar como se debe hay que ser filósofo, como poco. No lo soy y no sé pensar. Pero pienso. ¿Prueba esto que existo? Puede, pero para existir no hace falta pensar, solo hace falta sentir. Siento, luego existo; no me digas que no René. Vivir es sentir; mientras sientas, vivirás. Y sentir, hasta dormido siento.
Según Pessoa, o sus heterónimos, sentir es comprender y pensar es errar. No paro de sentir y no sé si comprendo lo que siento, puede que lo haga en el subconsciente. Pensar, lo que se dice pensar, poco, mal y tarde. Mis decisiones no son meditadas, sino automaduradas, cocidas a fuego lento, intuidas más que razonadas.
Esta es la secuencia: se presenta un problema, lo valoro por encima, lo dejo para otro día; reaparece por sorpresa, lo vuelvo a considerar —sin mucho empeño— lo aparco de nuevo; así va y viene hasta que un día de pronto lo tengo decidido, acierte o me equivoque.
Así pienso, de ese modo anárquico y poco académico, de modo espontáneo, como debían de pensar los neandertales. Me imagino como ellos o como el antepasado que después de pintar un bisonte en Altamira salía de la cueva y mientras se limpiaba las manos en un arroyo a la luz de la luna murmuraba para sí: solo soy un humanoide.
Para pensar como se debe hay que ser filósofo, como poco. No lo soy y no sé pensar. Pero pienso. ¿Prueba esto que existo? Puede, pero para existir no hace falta pensar, solo hace falta sentir. Siento, luego existo; no me digas que no René. Vivir es sentir; mientras sientas, vivirás. Y sentir, hasta dormido siento.
Según Pessoa, o sus heterónimos, sentir es comprender y pensar es errar. No paro de sentir y no sé si comprendo lo que siento, puede que lo haga en el subconsciente. Pensar, lo que se dice pensar, poco, mal y tarde. Mis decisiones no son meditadas, sino automaduradas, cocidas a fuego lento, intuidas más que razonadas.
Esta es la secuencia: se presenta un problema, lo valoro por encima, lo dejo para otro día; reaparece por sorpresa, lo vuelvo a considerar —sin mucho empeño— lo aparco de nuevo; así va y viene hasta que un día de pronto lo tengo decidido, acierte o me equivoque.
Así pienso, de ese modo anárquico y poco académico, de modo espontáneo, como debían de pensar los neandertales. Me imagino como ellos o como el antepasado que después de pintar un bisonte en Altamira salía de la cueva y mientras se limpiaba las manos en un arroyo a la luz de la luna murmuraba para sí: solo soy un humanoide.
martes, 23 de diciembre de 2025
En qué se parecen
¿En qué se parecen Miguel Delibes y Nick Drake? Más de uno se preguntará, a su vez, ¿y quienes son esos? Según qué ámbito será más conocido Delibes, el gran cazador de Valladolid o habrá algún raro que conozca más a Drake, el descendiente del pirata.
No, Nick Drake no tenía ningún vínculo conocido con Sir Francis Drake. Miguel Delibes sí que fue un gran aficionado a la caza pero su dedicación profesional fue, lo sabes de sobra, la escritura. En 1959 publicó su novela “La hoja roja”. Este título era una metáfora sobre el final de la vida y aludía a la hoja de ese color que venía en los librillos de papel de fumar y avisaba de que solo quedaban otros cinco (librillo, bonita palabra).
Lo de Nick fue la música, pero tuvo una carrera muy corta; murió en 1974 de una sobredosis de antidepresivos, tenía 26 años. En 1969 —hacía 10 años del libro de Delibes— publicó su primer LP con el título “Five Leaves Left”… Sí, es exactamente la misma idea de la novela de Delibes, “quedan cinco hojas”, era el mensaje impreso que avisaba, también en Inglaterra, de que solo quedaban cinco papeles de liar en el paquete. Es de suponer que no conocía para nada el libro de Delibes.
Esa cifra, cinco, coincidió, casualmente, con los años de vida que le quedaban. La desgracia de esa muerte fue, al final, lo que le convirtió en un cantautor de culto (o maldito), aunque no de mi gusto; I’m sorry, Nick. Los libros de Delibes sí que me agradan y entre los que he leído, su última novela, “El hereje”, publicada en 1998, a los 78 años, es el que más me ha gustado.
No, Nick Drake no tenía ningún vínculo conocido con Sir Francis Drake. Miguel Delibes sí que fue un gran aficionado a la caza pero su dedicación profesional fue, lo sabes de sobra, la escritura. En 1959 publicó su novela “La hoja roja”. Este título era una metáfora sobre el final de la vida y aludía a la hoja de ese color que venía en los librillos de papel de fumar y avisaba de que solo quedaban otros cinco (librillo, bonita palabra).
Lo de Nick fue la música, pero tuvo una carrera muy corta; murió en 1974 de una sobredosis de antidepresivos, tenía 26 años. En 1969 —hacía 10 años del libro de Delibes— publicó su primer LP con el título “Five Leaves Left”… Sí, es exactamente la misma idea de la novela de Delibes, “quedan cinco hojas”, era el mensaje impreso que avisaba, también en Inglaterra, de que solo quedaban cinco papeles de liar en el paquete. Es de suponer que no conocía para nada el libro de Delibes.
Esa cifra, cinco, coincidió, casualmente, con los años de vida que le quedaban. La desgracia de esa muerte fue, al final, lo que le convirtió en un cantautor de culto (o maldito), aunque no de mi gusto; I’m sorry, Nick. Los libros de Delibes sí que me agradan y entre los que he leído, su última novela, “El hereje”, publicada en 1998, a los 78 años, es el que más me ha gustado.
sábado, 20 de diciembre de 2025
Del cero al infinito (y 2)
Si lo piensas bien, ni lo uno ni lo otro existe en la realidad. El primer número es el uno; del mejor en algo se dice que es el número uno, no el numero cero, que es nada. Y al infinito todavía no ha llegado nadie. El cero y el infinito son solo dos ideas abstractas. Aplicado a las ciencias sociales la ortodoxia pura, de izquierdas o derechas, es una utopía.
Pero bueno, ahí están los puros, ahora también, como siempre (hoy es siempre todavía). A los nuevos-viejos comunistas les gusta vestir de negro, las pancartas gigantes y las banderas rojas. Súmale la frescura de la juventud y que en las fotos aparecen serios de la muerte (hay peligro de que la estética se imponga a la ética, ya ha pasado antes).
Uno se pone al final —o al comienzo— del espectro y se siente bien, no hay nadie más allá. No hay nada menos nada que cero, ni nada más algo que infinito. Como número, si soy cero o infinito soy intocable, soy puro, poseo la verdad absoluta; y tanto el 12 como el 875 son dos flojos pusilánimes. Lo entiendo, lo respeto, tiene su parte admirable, pensemos en los santones y en los mártires; pero cuidado, sin violencia: ninguna forma de violencia, por favor.
Pero bueno, ahí están los puros, ahora también, como siempre (hoy es siempre todavía). A los nuevos-viejos comunistas les gusta vestir de negro, las pancartas gigantes y las banderas rojas. Súmale la frescura de la juventud y que en las fotos aparecen serios de la muerte (hay peligro de que la estética se imponga a la ética, ya ha pasado antes).
Uno se pone al final —o al comienzo— del espectro y se siente bien, no hay nadie más allá. No hay nada menos nada que cero, ni nada más algo que infinito. Como número, si soy cero o infinito soy intocable, soy puro, poseo la verdad absoluta; y tanto el 12 como el 875 son dos flojos pusilánimes. Lo entiendo, lo respeto, tiene su parte admirable, pensemos en los santones y en los mártires; pero cuidado, sin violencia: ninguna forma de violencia, por favor.
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