Más de tres horas dura la película “Espartaco” (1960), tantas veces repuesta en la televisión, algunas de ellas en Semana Santa por ser “una de romanos” aunque no tenga nada que ver con Jesucristo. Ya no me acuerdo de si la he visto entera alguna vez, supongo que sí, pero lo que perdura en mi memoria son distintos fragmentos vistos a lo largo de los años. En algún momento aprendí que detrás de la superproducción de aventuras estaba el mensaje político de opresores y oprimidos.
Hasta hoy, creía que la película de Stanley Kubrick estaba basada en la novela del escritor (más que novelista) Arthur Koestler del mismo título. Pues bien, estaba equivocado, vaya novedad. La novela de Koestler no se llamaba así, sino “Los gladiadores” (originalmente escrita en alemán, por cierto) y la película no se basaba en esa novela sino en otra titulada, esta sí, “Spartacus” (como se dice en inglés y también en latín) escrita por Howard Fast, un prolífico novelista estadounidense.
Una coincidencia y una divergencia: Por una parte, ambos, Koestler y Fast, eran de ascendencia judía (al igual que Stanley Kubrick y Kirk Douglas, el actor protagonista) y por otra, Koestler escribió su novela, en 1939, desilusionado del comunismo mientras Fast tuvo que publicar la suya por su cuenta, en 1950, por su condición de comunista represaliado. Para liarlo un poco más, la adaptación para la pantalla, el guion, la hizo Dalton Trumbo (de origen suizo protestante, qué raro), también represaliado pero que, curiosamente, se alejó del enfoque de Fast por su rancio marxismo.
Cosas del siglo pasado, que fue revuelto como pocos; o, mejor dicho, como todos, porque este de ahora, el siglo XXI, se las trae. Buscando explicaciones para la pertinaz estupidez humana he encontrado esta cita de Arthur Koestler (acabáramos): El cerebro humano consta de una pequeña parte, ética y racional (todavía muy pequeña) y una enorme trastienda cerebral, bestial, animal, territorial, cargada de miedos, de irracionalidades, de instintos asesinos. Harían falta millones de años para que la evolución moral acabara con la brutal trastienda. Esto lo explicaría todo...
Duroderroer
...with no particular place to go.
jueves, 22 de enero de 2026
lunes, 19 de enero de 2026
Pobres instituciones
Las instituciones nos choznan. No lo digo yo, es una frase que he escuchado en un sueño; sueño o ensoñación, incluso puede que alucinación. Ha sido uno de esos momentos en que estás pensando, es decir dejando vagar la mente, te vas quedando medio dormido y “ves” y “oyes” cosas que se mezclan con lo que de verdad están captando tus sentidos. Si vuelves a estos, a estar despierto (todo lo despierto que eres capaz), te das cuenta de que estabas soñando.
Si no vuelves en ti, y acabas durmiéndote del todo, estos medio sueños se hunden en la mente y se ahogan; se pierden, se olvidan; hasta tal punto que no sabrás nunca que los soñaste o los medio soñaste; o solo lo sabrás sin saberlo, porque estos sueños se quedan en algún rincón ignoto de las conexiones neuronales, donde permanecerán hasta que se apague la luz en el cerebro. Es lógico pensar que esa gran masa de sueños, que no afloran nunca a la conciencia, debe de tener alguna influencia en el ser de cada uno.
En este caso, he vuelto de la duermevela con el sueño todavía flotando en mi mente y me lo he contado a mí mismo para no olvidarlo. Las instituciones nos choznan, ha dicho alguien que estaba a mi derecha pero no he llegado a ver. Choznar..., no existe el verbo; o no existía hasta ahora. Me ha dado la impresión de que lo ha dicho solo para desahogarse; como quien constata algo que es evidente, sabiendo que no tiene remedio, resignado. Las instituciones (¿qué instituciones?) nos choznan. Sonaba a protesta; choznar por jorobar, molestar, complicar la vida.
Si no vuelves en ti, y acabas durmiéndote del todo, estos medio sueños se hunden en la mente y se ahogan; se pierden, se olvidan; hasta tal punto que no sabrás nunca que los soñaste o los medio soñaste; o solo lo sabrás sin saberlo, porque estos sueños se quedan en algún rincón ignoto de las conexiones neuronales, donde permanecerán hasta que se apague la luz en el cerebro. Es lógico pensar que esa gran masa de sueños, que no afloran nunca a la conciencia, debe de tener alguna influencia en el ser de cada uno.
En este caso, he vuelto de la duermevela con el sueño todavía flotando en mi mente y me lo he contado a mí mismo para no olvidarlo. Las instituciones nos choznan, ha dicho alguien que estaba a mi derecha pero no he llegado a ver. Choznar..., no existe el verbo; o no existía hasta ahora. Me ha dado la impresión de que lo ha dicho solo para desahogarse; como quien constata algo que es evidente, sabiendo que no tiene remedio, resignado. Las instituciones (¿qué instituciones?) nos choznan. Sonaba a protesta; choznar por jorobar, molestar, complicar la vida.
viernes, 16 de enero de 2026
Éric Rohmer
Lo digo en negativo: la astrología no es una ciencia, que más dará donde esté Marte en el momento del parto; ahora, como entretenimiento no tiene precio. La astrología asegura horas de diversión, incluso para sus no-adeptos. Aún a sabiendas de que no tiene ningún sentido, y siempre que no se pasen de egocéntricos, soy un admirador secreto de los nacidos bajo el signo de Leo. O más concretamente de aquellos, y más aquellas, que han tenido apariciones estelares en mi vida.
En eso he pensado viendo la película de Éric Rohmer Le Signe du Lion (El signo de Leo). Se rodó en 1959 pero no fue estrenada hasta 1962. Transcurre en París. Me gusta ver esas imágenes, en blanco y negro, de hace ya 66 años: casas, bulevares, cafés, las riberas del Sena. Me llama la atención que, a pesar de todo, la habitación de una pensión parisina no era muy distinta de la de cualquier otro sitio; todo parece viejo, deslucido, más bien pobre.
Éric Rohmer fue una de las figuras intelectuales de la Nouvelle Vague y un director peculiar, con una trayectoria al margen de las modas. Contaba sus historias a base de diálogos que querían explicar la vida sin aspavientos. De sus películas se decía que en ellas se veía crecer la hierba; queriendo decir que eran muy lentas y aburridas. No estar de acuerdo me hacía —y me hace— sentir bien.
En eso he pensado viendo la película de Éric Rohmer Le Signe du Lion (El signo de Leo). Se rodó en 1959 pero no fue estrenada hasta 1962. Transcurre en París. Me gusta ver esas imágenes, en blanco y negro, de hace ya 66 años: casas, bulevares, cafés, las riberas del Sena. Me llama la atención que, a pesar de todo, la habitación de una pensión parisina no era muy distinta de la de cualquier otro sitio; todo parece viejo, deslucido, más bien pobre.
Éric Rohmer fue una de las figuras intelectuales de la Nouvelle Vague y un director peculiar, con una trayectoria al margen de las modas. Contaba sus historias a base de diálogos que querían explicar la vida sin aspavientos. De sus películas se decía que en ellas se veía crecer la hierba; queriendo decir que eran muy lentas y aburridas. No estar de acuerdo me hacía —y me hace— sentir bien.
martes, 13 de enero de 2026
Escasa participación
Hay cosas que no se te van nunca de la cabeza. No sé si llegan a preocupaciones; bueno, sí que llegan, por eso no se te van. Una de ellas, o la única, la más importante, aquella en la que se resumen todas las demás es la pregunta, la duda, la inquietud de saber qué es lo que haces en el mundo; aparte de consumir recursos que, seguramente, estarían mejor empleados en otra cosa.
La actividad básica de los humanos es la misma que la de cualquier otro animal: sobrevivir. A partir de ahí, todo es extra, plusvalía. Inciso; hay una empresa pública que en las esquelas que dedica a sus empleados, o antiguos empleados, se refiere a estos como "personas trabajadoras" de dicha empresa (inciso dentro del inciso: las esquelas también son propaganda).
Vuelvo a la pregunta sin respuesta: qué hago aquí; o, en otra variante, cómo estoy en el mundo. Soy inextricable del torbellino de acontecimientos de mi época. Era una pregunta, ¿lo soy? Más o menos; somos inseparables del contexto, de lo que pasa a nuestro alrededor, de nuestros semejantes y lo que hagan o dejen de hacer (se dice así, semejantes, porque nos asemejamos, incluso los special ones).
Pero el caso es que casi todos somos personajes secundarios, sin frase; figurantes que no aparecen en el montaje final, que se comen el bocadillo y cobran los cincuenta euros pero no salen en la versión oficial de la película. Puede que sí en la extended version o en el “corte del director”. Otra pregunta; ¿quién es el director?, ¿hay director? (vale, eran dos preguntas).
Estoy en este mundo pero como si no estuviera, veo la película pero apenas me afecta; me conmuevo por conveniencia. La cruda realidad es que solo me impresionan las cosas que me atañen directamente, las que me quitan el pan de la boca, las que me tocan el corazón.
La actividad básica de los humanos es la misma que la de cualquier otro animal: sobrevivir. A partir de ahí, todo es extra, plusvalía. Inciso; hay una empresa pública que en las esquelas que dedica a sus empleados, o antiguos empleados, se refiere a estos como "personas trabajadoras" de dicha empresa (inciso dentro del inciso: las esquelas también son propaganda).
Vuelvo a la pregunta sin respuesta: qué hago aquí; o, en otra variante, cómo estoy en el mundo. Soy inextricable del torbellino de acontecimientos de mi época. Era una pregunta, ¿lo soy? Más o menos; somos inseparables del contexto, de lo que pasa a nuestro alrededor, de nuestros semejantes y lo que hagan o dejen de hacer (se dice así, semejantes, porque nos asemejamos, incluso los special ones).
Pero el caso es que casi todos somos personajes secundarios, sin frase; figurantes que no aparecen en el montaje final, que se comen el bocadillo y cobran los cincuenta euros pero no salen en la versión oficial de la película. Puede que sí en la extended version o en el “corte del director”. Otra pregunta; ¿quién es el director?, ¿hay director? (vale, eran dos preguntas).
Estoy en este mundo pero como si no estuviera, veo la película pero apenas me afecta; me conmuevo por conveniencia. La cruda realidad es que solo me impresionan las cosas que me atañen directamente, las que me quitan el pan de la boca, las que me tocan el corazón.
sábado, 10 de enero de 2026
Asuntos terrenales
En el siglo XVII un papa —Urbano VIII, for the record— prohibió el uso del tabaco en las iglesias de la diócesis de Sevilla. Digo “uso” porque se refería tanto a fumar como a mascar o aspirar. Había habido quejas. Por otro lado, poco después otro papa —Alejandro VII, for the second record— estableció el monopolio del tabaco en los Estados Pontificios; lo que se puede entender como una aplicación interesada del dicho “a Dios rogando y con el mazo dando”.
Me pregunto si es que en Sevilla, o en cualquier otro sitio, algún cura habrá llegado a fumarse un puro mientras daba misa, algo que hoy parece un disparate. Las costumbres cambian. Por ejemplo, es sabido que ha habido muchos curas cazadores, y más chocante es lo que dice Chateaubriand en sus “Memorias de ultratumba” sobre el papa León XII. Cuenta que era un gran trabajador, de costumbres austeras, y que como distracción, recordando su antigua afición a la caza, pegaba algunos tiros de escopeta en los jardines del Vaticano.
Volviendo al tabaco, tuve un compañero en el colegio que más tarde se hizo cura. Después de pasar tiempo en las misiones —bien por él— le destinaron a una parroquia de aquí cerca. Desde entonces le he visto en el autobús viniendo de San Mamés y un par de veces en un bar junto a su parroquia tomando un café y fumándose un purito. Esto lo he metido como nota de color local.
En lo que he caído, después de saber lo de la prohibición de Urbano VIII, es en que fumar no, pero beber alcohol no solo está permitido para el cura que da la misa, sino que es obligatorio, ya que el oficiante comulga en las dos especies, pan y vino. Vino que, según mi corta experiencia, suele ser dulce (y posiblemente cabezón).
Como en la viña del Señor —nunca mejor dicho— hay de todo, seguro que se han dado casos de sacerdotes abstemios que han pedido una dispensa papal para no tener que consumir alcohol en el ejercicio de su ministerio; aunque supongo que ha sido mucho mayor el número de curas aficionados a acompañar las comidas con un vasito de vino.
Me pregunto si es que en Sevilla, o en cualquier otro sitio, algún cura habrá llegado a fumarse un puro mientras daba misa, algo que hoy parece un disparate. Las costumbres cambian. Por ejemplo, es sabido que ha habido muchos curas cazadores, y más chocante es lo que dice Chateaubriand en sus “Memorias de ultratumba” sobre el papa León XII. Cuenta que era un gran trabajador, de costumbres austeras, y que como distracción, recordando su antigua afición a la caza, pegaba algunos tiros de escopeta en los jardines del Vaticano.
Volviendo al tabaco, tuve un compañero en el colegio que más tarde se hizo cura. Después de pasar tiempo en las misiones —bien por él— le destinaron a una parroquia de aquí cerca. Desde entonces le he visto en el autobús viniendo de San Mamés y un par de veces en un bar junto a su parroquia tomando un café y fumándose un purito. Esto lo he metido como nota de color local.
En lo que he caído, después de saber lo de la prohibición de Urbano VIII, es en que fumar no, pero beber alcohol no solo está permitido para el cura que da la misa, sino que es obligatorio, ya que el oficiante comulga en las dos especies, pan y vino. Vino que, según mi corta experiencia, suele ser dulce (y posiblemente cabezón).
Como en la viña del Señor —nunca mejor dicho— hay de todo, seguro que se han dado casos de sacerdotes abstemios que han pedido una dispensa papal para no tener que consumir alcohol en el ejercicio de su ministerio; aunque supongo que ha sido mucho mayor el número de curas aficionados a acompañar las comidas con un vasito de vino.
miércoles, 7 de enero de 2026
Introducción al cierrapuertas
La puerta del portal de casa no cierra bien. Tenemos instalado ese artilugio que se coloca, mediante un brazo articulado, entre el marco y la misma puerta e incorpora, dentro de una carcasa, el mecanismo que hace que se cierre sola. Este consiste en un muelle o resorte que al abrir la puerta se comprime y al soltarla —una vez que la persona ha entrado o salido— tiende a recuperar su estado original, tira de la puerta y la cierra.
Este aparato se llama, adivina, cierrapuertas. En realidad, es más complicado. Lleva un aceite hidráulico que se desplaza a merced del resorte. Un par de válvulas controlan el paso del líquido y permiten ajustar la velocidad del movimiento para que la puerta ni se cierre con excesiva fuerza —dando un (desagradable) portazo— ni lo haga con tan poca que acabe apoyada en el marco pero sin cerrarse.
Una vez bien ajustadas estas válvulas, el pestillo de la puerta, de tipo resbalón, al apoyarse en el marco se retraerá con suavidad y acabará encajando, con el característico clic, en el cerradero, que es la pieza metálica del marco en la que se aloja.
¿Se ha entendido algo? Pues, ahora mismo, el cierrapuertas que tenemos instalado en el portal de casa se debe de haber desajustado y la puerta queda vuelta, apoyada en el marco pero abierta. No hace clic.
Este aparato se llama, adivina, cierrapuertas. En realidad, es más complicado. Lleva un aceite hidráulico que se desplaza a merced del resorte. Un par de válvulas controlan el paso del líquido y permiten ajustar la velocidad del movimiento para que la puerta ni se cierre con excesiva fuerza —dando un (desagradable) portazo— ni lo haga con tan poca que acabe apoyada en el marco pero sin cerrarse.
Una vez bien ajustadas estas válvulas, el pestillo de la puerta, de tipo resbalón, al apoyarse en el marco se retraerá con suavidad y acabará encajando, con el característico clic, en el cerradero, que es la pieza metálica del marco en la que se aloja.
¿Se ha entendido algo? Pues, ahora mismo, el cierrapuertas que tenemos instalado en el portal de casa se debe de haber desajustado y la puerta queda vuelta, apoyada en el marco pero abierta. No hace clic.
domingo, 4 de enero de 2026
Chi non ce la fa
Pronúnciese qui-non-che-la-fá. De primeras, ni idea del significado pero a que suena bien. Es que insisto con la canción de Branduardi, que es también la del mes en este blog. Entiéndase “mes” en un sentido metafórico o figurativo o como una forma de hablar o de hacer una broma inocente (uno intenta explicarse y se equivoca tres veces con la ilusión de haber acertado una cuarta, que no sé).
Insisto en la canción por una sutileza que deja caer hacia el final y me ha sorprendido para bien. Lo pongo primero en italiano:
Non è da tutti catturare la vita
non disprezzate chi non ce la fa.
En traducción más o menos libre sería:
No todos pueden capturar la vida
no menosprecies a quien no llegue a hacerlo.
“Capturar la vida” vale aquí por interpretarla como pide que se haga Angelo Branduardi: hay que disfrutar de los días porque se pasan rápido. Me gusta esta observación de que no todo el mundo sabe hacerlo (non è da tutti, no es de todos) y parte de la sabiduría de los que alcanzan a conmoverse con la canción de Branduardi reside en no hacer de menos a chi non ce la fa.
Además de estar de acuerdo, lo que pienso es que no solo no debemos despreciarlos sino que haríamos muy bien en darnos por aludidos y preguntarnos hasta que punto “capturamos la vida” cada uno de nosotros. Como decía Sancho Panza, “no se hizo la miel para la boca del asno” y algo de asnos tenemos todos. El que no se sienta un poco así que tire la primera coz.
Insisto en la canción por una sutileza que deja caer hacia el final y me ha sorprendido para bien. Lo pongo primero en italiano:
Non è da tutti catturare la vita
non disprezzate chi non ce la fa.
En traducción más o menos libre sería:
No todos pueden capturar la vida
no menosprecies a quien no llegue a hacerlo.
“Capturar la vida” vale aquí por interpretarla como pide que se haga Angelo Branduardi: hay que disfrutar de los días porque se pasan rápido. Me gusta esta observación de que no todo el mundo sabe hacerlo (non è da tutti, no es de todos) y parte de la sabiduría de los que alcanzan a conmoverse con la canción de Branduardi reside en no hacer de menos a chi non ce la fa.
Además de estar de acuerdo, lo que pienso es que no solo no debemos despreciarlos sino que haríamos muy bien en darnos por aludidos y preguntarnos hasta que punto “capturamos la vida” cada uno de nosotros. Como decía Sancho Panza, “no se hizo la miel para la boca del asno” y algo de asnos tenemos todos. El que no se sienta un poco así que tire la primera coz.
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