Hablando de adverbios acabados en mente, este es el comienzo de la última novela de Chimamanda Ngozi Adichie: “Siempre he deseado ser conocida, conocida verdaderamente, por otro ser humano”. Además del peso exagerado de “verdaderamente” está la forma pasiva inglesa, veo más natural e incluso más exacto decir: “Siempre he deseado que otro ser humano me conozca de verdad”.
Pero lo que quería comentar es lo buena que me parece la idea para comenzar una historia. Las primeras frases, y las últimas, son importantes, actúan de gancho. Una primera frase debe también resumir un poco todo el libro y en este caso es así; la protagonista se pasa la novela buscando esa persona que la conozca “de verdad”. El sexo es un elemento importante, puede que imprescindible.
La frase es tan concisa que pide una ampliación, nos pone a pensar y origina una reacción en cadena ¿Y yo?, ¿quiero que alguien me conozca del todo?, ¿es conveniente, en realidad?, ¿no habría que empezar por conocerse uno mismo? Igual lo que sucede es que quieres que te conozcan para tener un espejo en el que mirarte.
Algunas conclusiones provisionales: una, ante cualquier declaración siempre hay que considerar como quedaría vuelta del revés; dos, ese conocimiento no tiene sentido si no es mutuo; tres, casi siempre es preferible la actividad, conocer, a la pasividad, que te conozcan.
Me pregunto entonces por mi propio interés y hasta qué punto he conseguido conocer a las personas importantes en mi vida. Hasta un punto insuficiente, me temo, y, además, tampoco tengo claro en qué consiste conocer a otro ser humano; si conocer equivale a entender, si para entender hay que perdonar y si perdonar es una condición necesaria para querer. Y no digo nada de amar por si eso de amar fuera solo una forma de lenguaje poético.
No hay comentarios:
Publicar un comentario