“Esterno notte” (Exterior noche) es una buena serie italiana de seis capítulos que he visto un poco por casualidad. Trata del secuestro y asesinato de Aldo Moro por las Brigadas Rojas en 1978. La política siempre ha sido convulsa en Italia,y no han faltado los episodios violentos, pero este de Moro es uno de los más dolorosos.
Como se refleja en la serie, dirigida por Marco Bellocchio, Aldo Moro era un hombre sencillo, católico sincero, tolerante, que nunca levantaba la voz. Cuando lo asesinaron acababa de negociar, como presidente de la Democracia Cristiana, un acuerdo con el Partido Comunista.
La víspera de su secuestro le vemos en un aula universitaria intentando dialogar con los que quieren boicotear su clase. Más tarde llega, ya de noche, a su casa, un piso de clase media sin lujo alguno. Su mujer está ya acostada y él mismo se prepara la cena, un par de huevos fritos que se come con pan.
Días después, por razones incomprensibles, miembros de las Brigadas Rojas lo matan a tiros y lo abandonan en el maletero de un Reanult en una calle de Roma. El señalado como ejecutor principal, por cierto, aún vive; tiene 80 años y está en libertad condicional. Es de suponer que se acordará cada día del ser humano al que arrebató el futuro.
Por desgracia, hechos como este se repiten periódicamente en uno u otro lugar del mundo. Hombres y mujeres buenos, con sus defectos y sus virtudes, que son abatidos a tiros por una causa que, si era justa, queda deslegitimada al instante. Viendo la serie me han venido a la cabeza los nombres de otros tres hombres buenos asesinados porque sí: Olof Palme, Fernando Buesa y Ernest Lluch. Pero ha habido tantos… Y también ha habido, y hay, quien justifica estas muertes y las hace aún más tristes. A mí me duelen.
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