martes, 19 de mayo de 2026

Wishful thinking

    La tentación de dar consejos. La voluntad de morderse la lengua. El término medio es una delgada línea roja, hay que ser funámbulo para caminar sobre ella; alcánzame esa pértiga. La aspereza de la vida. Las salidas de emergencia. A este estilo entrecortado lo llamaría escritura telegráfica, es como si me cobraran por palabra.
    La primera regla de los seres vivos es adaptarse al entorno. Cada uno lo hace a su manera, pero tampoco hay tantas. El día que nada cambie será porque el tiempo se habrá detenido, cosa que hasta ahora no ha pasado. A partir de cierta edad, y cuanto más temprana mejor, hay que interiorizar la idea y asumir que ayer fue otro día.
    Ante cada nueva circunstancia hay que poner a cero el contador, no darle más vueltas a lo que pudo ser —fuera lamentaciones— y concentrarse en lo que es. Hay que ser estoico, o simularlo, que es lo más parecido. Hay que hacerlo todo “con alegría y humildad”, como decía, medio en broma, un conocido que lo había aprendido en la catequesis; y lo gordo es que tenía razón.
    Se te cae un vaso y estalla en mil pedazos… pues hay que recogerlos. El vaso ha dejado de existir, no te quejes ni busques excusas y deja que tu gps recalcule la ruta. Piensa que la próxima vez tienes que agarrarlo mejor, asumiendo que te descuidarás y se te volverá a caer.
    Así con todo, con esa molestia en la rodilla, con el cambio climático, con la estupidez humana (la tuya y la mía incluidas). Lo bueno de la vida es vivir, lo malo todo lo demás. Lo importante, ahora y siempre, es estar cómodos, rehacerse y seguir adelante. Hay que adaptarse al paso del tiempo y, cuando llega el momento, a la muerte de los seres queridos. De la tuya no te preocupes; ya verás, ni te vas a enterar.

No hay comentarios: