El estado habitual de mi pensamiento —que solo es mío en sentido figurado— es un simpático caos bienintencionado; por eso mismo agradezco recibir de vez en cuando alguna aportación que lo ilumine siquiera sea por un corto periodo de tiempo.
Algo de esto es lo que me ha pasado hoy al encender la radio en el desayuno y escuchar, en un programa de divulgación científica, que hay cuatro factores esenciales que determinan nuestro estado de salud: el sueño —el de dormir, el sueño reparador que se dice—, la alimentación, el ejercicio físico y los lazos con otros seres humanos.
Como se ve, son tres elementos físicos y bastante evidentes —aunque a menudo no nos esforcemos lo suficiente en su cuidado— y uno psíquico, el de las relaciones con los demás. Los demás, que son —convéncete—, lo único que hay en el mundo. Es el factor humano —como la novela de Graham Greene—, el de querer y que nos quieran; el que advierte que nadie es solo, que somos autónomos pero no independientes (esto lo ha dicho también la experta de la radio).
De forma complementaria, como suele suceder, he conocido también esta mañana una anécdota que me sirve para ilustrar ese cuarto pilar del bienestar humano. Es lo que le preguntó una vez, mimoso, Gabriel García Márquez a su agente, Carmen Balcells: “¿Tú me quieres?”; y lo que le contestó esta: “¿Cómo no te voy a querer si eres el 37 por ciento de mi facturación?”. Era broma y era cariño; y quien dice cariño dice amor, que es lo que necesita el mundo y lo que necesitas tú.
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