domingo, 2 de agosto de 2026

Me voy

    Está hablando por teléfono mientras arrastra la pierna enyesada. Es un hombre joven, menudo, delgado, con mechas rubias. Desentendido de todo lo que le rodea (el área de urgencias del hospital), se dirige a su interlocutor como “Tato”. Que estoy en el hospital, Tato. Lo dice bastante tranquilo, casi de buen humor. Le cuenta a Tato que estaba trabajando con la furgoneta y a una de estas le cayó algo (no se entiende qué) encima de la pierna y le ha cortado los tendones; le van a operar a las dos. Dice los tendones, en plural, a saber.
    Transcurre la mañana y parece que la operación se retrasa. Se está alterando, ¿es que solo hay un quirófano en todo el hospital? Ahora le dicen que le operarán por la tarde, a no ser que haya un caso más urgente y entonces lo retrasarían hasta mañana. Un médico intenta tranquilizarlo con buenas razones.
    A media tarde, cojeando con una muleta, dice que se va, que pide la baja voluntaria. Una enfermera le contesta que bien, que espere un rato a que le traigan el informe. El joven repite en voz alta sus argumentos y reitera que se va, que se conoce y le entra la locura y mejor si se va; no puede ser que solo haya un quirófano, que le han dicho a las dos y luego por la tarde y que igual mañana. Que se conoce y va a acabar haciendo algo que le perjudique; que se va.
    Lleva un rato esperando y el informe prometido no llega. A una de estas, suelta: el informe, que se lo metan por el culo, y si me quedo cojo pues me quedo cojo. Ahora bien, agrega desafiante, él se queda con las caras, tiene esa cualidad, me voy, porque me conozco, pero me quedo con las caras, dice mientras señala con el dedo en semicírculo a los presentes.

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