Las casualidades nunca vienen solas, o igual es que no existen, solo son un trampantojo de la estadística. Sea como sea, lo que suele pasar es que cuando vas por la calle y ves a alguien con el que hacía años que no coincidías no es extraño que al día siguiente te lo vuelvas a encontrar.
Parecido me ha sucedido, una vez más, con algo que dijo Milan Kundera, y que me ha gustado: El gran problema del hombre es la muerte como pérdida del ser. Pero, ¿qué es este ser? Es la suma de todo lo que recordamos. Por tanto, lo que nos aterroriza de la muerte no es la pérdida del futuro sino la pérdida del pasado. Y luego remata con esta inquietante aseveración: El olvido es una forma de muerte siempre presente en la misma vida.
¿No es terrible?, ir olvidando es morir poco a poco. Es terrible y también una gran verdad. A eso se reduce todo, somos nuestros recuerdos, pocos o muchos, trascendentes o intrascendentes, inteligentes o estúpidos, estimulantes o aburridos.
Pues mira, esto lo leí ayer en un libro en el que Philip Roth habla de sus encuentros con otros escritores y hoy en el periódico aparece una cita de Miguel de Unamuno en la que veo reflejada la misma idea, solo que con más carga poética: ¿No has buscado en tu corazón la eternidad del dulce pasado? Porque lo eterno no es el porvenir, lo eterno es el pasado. Solamente lo que pasa, queda. El ser es lo que recordamos, Kundera; lo eterno es el pasado, Unamuno; no sé, a mí me parece que hablan de lo mismo.
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