jueves, 5 de marzo de 2026

Las palabras

    Si me preguntaran qué tal me llevo con las palabras tendría que contestar como aquel inglés sobre los franceses: no sé, no las conozco todas. Nadie conoce todas las palabras y con las que me han tocado me llevo bien, o eso creo.
    Hay bastantes que se me resisten, suele ser entre las llamadas cultas, miro su significado y se me vuelve a olvidar. Por ejemplo, esta que me he encontrado hoy mismo, “retruécano”. La miro una vez más: figura retórica que consiste en invertir los términos. Ah, sí, como este por ejemplo: Es agradable ser importante, pero es más importante ser agradable.
    No tengo una palabra favorita, me gustan todas, aunque alguna que otra se me atraganta, como “frustrar”, siendo como es tan necesaria. Otra que me da problemas y a la que sin embargo tengo un cariño que viene de mi niñez, es “pedestre”. En unas fiestas del barrio, se organizó una gran carrera pedestre para los chavales. Me llevé una sorpresa cuando en la línea de salida vi que aquellos chavales eramos nosotros. Pedestre, ¿no cuesta pronunciarla? Aunque me parece que está en desuso.
    Me gustan las palabras y me ha pasado alguna vez eso de que a alguien no le sale una y por ese mecanismo automático que tenemos se me ha ocurrido a mí. Hubo un amigo que me elogió por esto, alimentando mi vanidad. No sé si para compensar otro día me soltó que mi hermano era más noble que yo. Un bajón. Podía haber matizado que yo era noble pero mi hermano lo era aún más, pero no.
    Pensando en las palabras doy un salto al pasado, al 11 de julio de 2007. Ese día escribí una “Oración por las palabras” que traigo aquí retocada para la ocasión:

    Oración por las palabras.

    Que no me falten las palabras.
    Que recuerde las antiguas y vaya aprendiendo alguna nueva.
    Que me vengan como por arte de magia y no se queden en la punta de la lengua.
    Que las sepa pronunciar para dar cariño.
    Que las sepa utilizar para dar forma a mis pensamientos.
    Que las reconozca al escucharlas.
    Que recuerde los nombres y no sólo las caras.
    Que sepa callarme las palabras hirientes.
    Que pueda llamar por su nombre a la muerte cuando venga a buscarme.
    Que las palabras siempre me acompañen, amén.

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