domingo, 29 de marzo de 2026

Dies irae

    En 1943, durante la ocupación alemana de Dinamarca, Carl Theodor Dreyer estrenó una película titulada, en danés, Vedrens dag. Cuenta un episodio de caza de brujas fechado en 1623. El título alude al poema latino del siglo XIII Dies irae, día de ira, que trata del fin del mundo y el Juicio Final (que no decaiga). En inglés la película se llamó Day of Wrath. En español prefirieron el latín del poema original en lugar de la traducción (y por una vez acertaron).
    Dreyer negó cualquier intención política en su obra, pero lo habitual ha sido que su retrato de la intolerancia religiosa se interprete como una denuncia encubierta del régimen nazi. Sin embargo, estos, los nazis no se dieron por aludidos, en principio. Por si acaso, Dreyer huyó a Suecia poco después del estreno.
    La película, en su austeridad, pasa por ser una obra maestra del cine, aunque se le achaca su lentitud. Y sí, lo confirmo, es lenta, muy lenta. Aún así, a poco gusto que se tenga la película interesa: diálogos medidos, planos que son cuadros, cuidada fotografía de luces y sombras y el tic tac de un reloj que no se ve.
    Casi toda la película transcurre en una habitación de la casa del anciano pastor luterano y tiene su mérito que con apenas mobiliario a la vista se les colara un llamativo desliz. Después de asegurar en la introducción que la acción transcurre, como decía antes, en el año 1623, al fondo de la escena aparece reiteradamente un arcón con una inscripción bien visible que dice ANNO 1639.

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