miércoles, 1 de abril de 2026

Otredad

    Rimbaud escribió: yo es otro. Años después Virginia Woolf hizo esta aguda observación: “Yo” es solo un término práctico para alguien que no tiene existencia real. Más tarde, Sartre afirmó que el infierno son los otros y Bergamín contestó que el infierno soy yo si no están los demás. Así se inventó el tenis.
    Por cierto que Virginia dijo aquello en su ensayo “Una habitación propia”. Hay que leer a Virginia Woolf, el problema es que escribió muchísimo, si es que eso es un problema. Pero hay que leerla y meditarla. O si no quieres no la leas, también puedes ver la película (alguna habrá).
    Todo es relativo e inconexo. No soy yo; son el mundo, la vida, la literatura y el cine. Sartre y Bergamín, Rimbaud y Woolf, no es que les entienda, más bien lo que me imagino. La otredad del yo, la idea no es nueva, ninguna lo es. Parece que el budismo ya decía cosas parecidas. Cualquiera que se haya parado a pensar estará de acuerdo (nota para mí: pensar un poco más). Lo práctico es asegurar que esto lo estoy escribiendo yo y lo estás leyendo tú. Pero ese tú y ese yo son dos eufemismos que utilizamos para entendernos.
    Ni tú ni yo tenemos existencia sostenida en el tiempo. No somos eternos y tampoco somos lo mismo a lo largo de nuestra vida. Cada yo, y cada tú, es volátil y ya no está y ya es otro. Yo soy otro y tú eres otro; otros distintos, únicos y caducos a la espera de la próxima primavera.

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