jueves, 7 de julio de 2016

Virtus

Ya he dicho (escrito) alguna vez que estoy aquí para repetirme; o para repetir lo leído, oído, olvidado, imaginado o (tal vez) soñado. Me asombra (ahora y siempre) que las palabras acudan y se pongan en fila (aconsejadas por mí) según un orden que es el que me parece (o me suena) que es... agradable al oído. Las palabras que son muchas y que mil veces usadas, de pronto las veo raras, nuevas y me pregunto por su exacto significado. Eso me ha pasado con "virtud", ¿no es, si te fijas, una palabra de lo más rara?. Sobre la virtud han escrito desde antes de existir la palabra; porque, ay, las palabras también son de usar y tirar y lo importante no es el envoltorio (las letras que juntamos v, i, r, t, u, d) sino el significado; el concepto que por consenso secular hemos (han) asociado a esa de por sí insólita sucesión de letras (y aprendo que en griego este concepto u otro muy parecido se expresaba con esta otra palabra: areté). En mi afán de simplificar apunto esta frase que no sé muy bien a quién adjudicar, digamos que a Cicerón, "el único prerrequisito para la felicidad es la virtud". Sí, puede ser. Siendo la virtud, la búsqueda de la virtud, lo único que está en nuestra mano en la vida, no teniendo control sobre nada más (terrible aseveración), lo más lógico y aconsejable es ser felices si somos virtuosos. Claro que como nadie puede ser plenamente virtuoso, nadie (en sus cabales) puede ser plenamente feliz. Libros, carreras universitarias, vidas enteras se han dedicado a explicar qué es la virtud; así que ésto que escribo es solo lo que parece, una elucubración (que no es una palabra sino un palabro, es broma).

viernes, 1 de julio de 2016

I Go to Pieces - Peter & Gordon (1964)

"I Go to Pieces", algo así como "me hago pedazos" o "me derrumbo", es una canción compuesta por Del Shannon que por diversas circunstancias fue publicada por primera vez por el dúo británico Peter & Gordon. Curiosamente tuvo cierto éxito (un número 9) en Estados Unidos pero pasó desapercibida en el Reino Unido. El brillante arreglo y las emocionantes voces la convierten en todo un himno a los amores contrariados.

martes, 21 de junio de 2016

Insomnio

Me dijo que había dormido mal. Se había despertado y no se volvía a dormir. La oscuridad era total y sin embargo se oía el trino de algún pájaro. Parece que había un nido en la enredadera del balcón, eso me dijo (trino, pensé, qué palabra, trinar debe ser como gorjear tres veces). No se dormía, y se daba la vuelta en la cama y nada (cambiar de postura en la cama, de lado, boca arriba, del otro lado, estirar los músculos; no poder moverme es un miedo recurrente.) Así que decidió leer un rato (de ahí vino la conversación, yo también lo he hecho alguna vez.) Con su ebook no necesitaba encender la luz y además estaba intrigado con la novela que acababa de empezar. Le parecía que el autor estaba contando su vida (le apunté que eso es lo que cuentan todas las novelas, la vida). Leyó un capitulo y después, ya sí, se durmió. Eso me dijo.

viernes, 10 de junio de 2016

Números

Estaba lavándome los dientes después de comer y me ha parecido que hacía un momento que me los había lavado después de desayunar, y habían pasado cuatro horas. Puntualizo que hoy me he levantado algo más tarde y que habitualmente son cinco las horas entre desayuno y comida. Y luego siete entre comida y cena. Y doce para completar el ciclo. Cinco, siete, doce, tiene su cosa. Estaba lavándome los dientes intentando que la operación se alargara hasta los dos minutos, ya que es lo que me recomienda el dentista, y qué largo se me hace (vete anotando, cuatro horas en un instante, dos minutos eternos). El dentista insistió en dos minutos tres veces al día, repartiendo el tiempo equitativamente, por fuera, por dentro, por arriba, por abajo, y cuidado porque hay una tendencia en los diestros a cepillarse más el lado izquierdo. Mientras yacía con la boca abierta en su sillón hice el cálculo y luego intenté epatar al dentista (burgués) y le dije que a ese ritmo de cepillado cada año me pasaría tres días completos en ello. Tres días al año, impresionante. Luego camino de casa volví a calcularlo y me salió la mitad, un día y medio (nota mental, repasar siempre las cuentas, varias veces). Tampoco está mal, treinta y seis horas de cepillado al año. Esto de salir del dentista pasó ya hace un tiempo (lo de la visión subjetiva del tiempo transcurrido es de hoy) y me ha venido a la cabeza porque ayer me topé con la palabra "aritmomanía", el trastorno mental de contar obsesivamente (escalones, autobuses, latidos del corazón). Los números como todo, están bien pero sin abusar.

viernes, 27 de mayo de 2016

My true self

Decía Emmanuel Carrère en su último libro que todo texto que había guardado en formato digital a lo largo de los últimos veinte años había acabado perdiéndose (y los cuadernos que había emborronado seguían por ahí, en cajas de cartón, cajones, trasteros). Bueno, debe ser lo normal, aunque "mi texto" (que es este blog) aún sigue por ahí flotando. Y también quizás sigan por ahí todos los correos electrónicos que he enviado y recibido en estos últimos quince años (más o menos, antes no tenía ordenador); aunque aquí, a mi alcance, ya no están. Los he ido perdiendo en colapsos informáticos, cambios de sistema operativo y otras desgracias cibernéticas. La última puñalada trapera me la acaba de dar Microsoft al pasarme graciosamente de Windows 8 a Windows 10. La aplicación de correo ha copiado los mensajes que estaban en las bandejas de "entrada" y "enviados", pero ha desdeñado olímpicamente los de la carpeta "borradores". En esa carpeta tenía yo cuatro mensajes; tres de ellos con letras de canciones en inglés y la cuarta con una lista de una veintena de nombres de usuario y claves de acceso a diversos servicios y sitios web. La factura de la luz, la biblioteca, el banco etc. Bueno, nada grave en realidad; las de uso frecuente me las sé de memoria y las demás se pueden renovar (ya que olvidarse de una clave es lo habitual). En todo caso llueve sobre mojado y estoy con Carrère, todo lo digital (lo virtual) es etéreo, efímero, fugaz y acabará difuminado cual polvo de estrellas. Incluído este blog. Ésto me sirve de recordatorio de quién soy yo en realidad: ese tipo que se mete en la ducha después de quitarse las gafas y dejarlas sobre el lavabo.

jueves, 5 de mayo de 2016

Don Quijote y yo (selfie)

Hace poco me ha salido al paso una cita que me parece de lo más apropiada a la hora de definir al ser humano: "cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces". Advierto cierta retranca. Esta frase la puso Cervantes en boca de Sancho en el capítulo 4 de la segunda parte del Quijote. Don Quijote y yo nos conocemos de antiguo pero no hemos acabado de coger confianza. Vamos, que no he leído el libro. Quiero decir entero, ya que lo he empezado un par de veces. Leer el Quijote se me antoja una pequeña hazaña digna de un caballero lector. Adquirí un ejemplar de una edición popular en 2004 y desde entonces me está esperando (acechante) en su esquina del mueble de la sala. Este selfie por escrito que me hago aquí puede servir de acicate a un nuevo intento de lectura. Ya tengo pensada la estrategia. Visto que el ataque directo (la acometida en términos cervantinos) no ha dado sus frutos, usaré el procedimiento más sutil de leer unas pocas páginas cada día. Si leo diez de media  en menos de cuatro meses caerá el gigante (o puede que sea un molino). Habré leído (y olvidado debidamente) el Quijote. Luego quedará un eco, una sensación; la sombra de una certeza si me pongo estupendo.

jueves, 21 de abril de 2016

A pesar de todo

Digo yo que es estupendo que los políticos sigan discutiendo infatigables y haciendo sus campañas y formando, o intentándolo, sus gobiernos (o sea los nuestros). A pesar de los papeles de Panamá (Panama papers, aliteración en varios idiomas), a pesar del peinado de Hillary Clinton (explicación: ya avisó hace tiempo Hillary que todos los doctorados del mundo eran, por desgracia, accesorios en una mujer si no acertaba con el peinado. Sólo por ese acierto visionario le votaría), a pesar de todos los Frank Underwoods (los tramposos), ¡a pesar de todo!. A pesar de todo no estoy de acuerdo con la perenne matraca del "todo va mal", "todo el mundo roba", "sólo quieren el poder". Reconozco que es difícil sustraerse al "quejío" general y lo habitual, yo incluido, es unirse al coro de supuestos sufridores (aliteración mía); pero quiero aprovechar que nadie me escucha (en el sentido físico) para recordar que, después de todo, los sistemas políticos más o menos democráticos tienen su aquel. Me atrevo a asegurar que hay mucha gente honrada (incluso políticos). Todo va bastante mal, sí, pero podría ir peor.