sábado, 6 de febrero de 2016

Lo que he aprendido hasta hoy

Con nueve años, en ingreso de bachillerato me dieron mis primeras lecciones de inglés. Eso fue hace mucho. Eso fue hace unos cuantos planes de educación. Supongo que nueve años es una edad tardía para empezar con el inglés. Entonces aprendimos de memoria unas cuantas preguntas y respuestas. "What is your name?", "where do you come from?", "do you speak english?". La respuesta a las dos primeras había que individualizarla, para la tercera no. El profesor te preguntaba, "do you speak english?" y la respuesta inmediata, la respuesta que nos convertía en pequeños lores (o loros, en fin), en sofisticados conocedores de idiomas, la rápida respuesta era "yes, a little". Es curioso. Puede que entonces la respuesta no fuera la apropiada. Quizás debería haber respondido algo así como "not really", pero con el tiempo, a lo largo de los años, resultó más y más ajustada a la verdad. "Do you speak english?", "yes, a little". Hablaba (y hablo) un poco de inglés. Cada vez más (y tengo títulos, my friend), pero nunca me ha parecido que el "yes, a little" dejara de ser la mejor respuesta a la pregunta. Y sospecho que lo mismo pasa en otras áreas del conocimiento.

lunes, 18 de enero de 2016

¿Tú ya me entiendes?

"Malentendido" no es gran cosa como palabra. Parece un apaño de última hora. Las palabras básicas, de primera necesidad, debía de estar ya inventadas cuando surgió de pronto la urgencia de poner nombre a un concepto que se había pasado por alto (lo que vendría a confirmar la sospecha de que los antiguos era más ingenuos que nosotros). Y así se recurrió a la chapuza de crear una nueva palabra por el macarrónico procedimiento de juntar dos antiguas. Y de "mal" (palabra negativa donde las haya, sólo superada por "no") y "entendido" (palabra esperanzadora, positiva) surgió este "malentendido" (que se queda en un terreno moderadamente pesimista). Y es que el concepto es imprescindible, insoslayable: se trata del resultado natural de cualquier intercambio de información entre dos (o más) seres humanos. Ese resultado es siempre, lamento decirlo, un malentendido. ¿Por qué es así?. Pues porque no podía ser de otra forma; cada mente humana tiene su experiencia previa, su visión del mundo, su sistema de conexiones neuronales y cada una entiende el mismo fenómeno de forma diferente. Luego claro, todo tiene matices y podríamos hacer una clasificación de pequeños malentendidos, malentendidos habituales (de ración) y grandes malentendidos. Cuando son pequeños los malentendidos (sutiles diferencias de apreciación del fenómeno) suelen pasar desapercibidos y son compatibles con la convivencia armoniosa. Incluso los malentendidos standard no dejan de ser simplemente molestos (he pedido un cortado y el camarero me ha sacado un descafeinado). Son los grandes malentendidos los preocupantes, el origen de muchos males (que quizás se podrían evitar si asumiéramos que el malentendido es lo habitual y no la excepción) Sin embargo es curioso el hecho de que un gran malentendido no siempre tiene efectos negativos. ¿No puede ser que un gran amor, una larga relación de pareja, sea el producto de un gran malentendido que dura y dura y dura?.

miércoles, 6 de enero de 2016

Moleskine

Un objeto romántico, cada vez más, es la libreta. Libreta o cuaderno; rojo o negro o de cualquier color pero encuadernado en una imitación de piel (no de piel auténtica, no te pases). Algo pequeño, manejable y agradable al tacto. El cuaderno rojo de Paul Auster, las libretas de notas de Bruce Chatwin, los cuadernos moleskine. El molesquín es un tejido de algodón que se asemeja al cuero y se ha utilizado en ropa deportiva por su eficacia contra el viento y su adaptación a la piel (evitando ampollas). La palabra original inglesa es moleskin, piel de topo, y quizás fue Chatwin quien le añadió la "e" al referirse a las libretas que compraba en París y que estaban encuadernadas en esa tela, y que también incorporaban una tira de goma de sujección. Cualquier escritor chapado a la antigua (o cualquier aficionado a las letras) lo lleva en el bolsillo interior de la chaqueta o en el bolso. Así podrá acomodarse en la terraza de un café, leer pausadamente su libro y de cuando en cuando sacar su libreta moleskine y tras un breve momento de concentración con la mirada perdida, escribir unas líneas con una cita, un aforismo, una idea a desarrollar, un instante capturado a vuelapluma.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Una señal

Algún día llegará el fin del mundo, o el fin de los tiempos (lo que pase antes estará bien). He escrito "día" de forma inapropiada, ya que es una medida de tiempo muy particular si pensamos a escala universal; tan pequeños somos. También nuestro fin del mundo es pequeño, es el fin del género humano. ¿Puede haber signos que anuncian ese fin?. Dicen que uno es la desaparición de las abejas. Esto es, si desapareciesen, en un plazo de tres o cuatro años desapareceríamos también los humanos. Esta noche pasada he soñado con otro signo. Un sueño recurrente, pelma, con ligeros matices distintos en cada vuelta. Entraba en un bar y me enteraba de que se había acabado la cerveza. No sólo en el bar, en todo el planeta, en el mundo. Se había acabado la cerveza y eso era una señal inequívoca de que llegaba el fin del mundo. Había una sensación de incertidumbre en el ambiente, de cierto temor. La idea me divertía, ya que me daba cuenta de que estaba soñando. Ahora especificaban que podían quedar unos botellines por ahí; pero el último barril se había consumido y ya no iban a suministrar ninguno más. Pude ver cómo movían un barril haciendolo girar hábilmente sobre el canto de su base redonda. Se ha acabado la cerveza, en un breve plazo se acabará el mundo. Caramba. No soy bebedor habitual de cerveza. Con sed me gusta una caña de cerveza con limón (ayer me tomé una, de ahí vendría el sueño), así que en otra vuelta del sueño me interesaba por la cerveza con limón y sí, aún quedaba, pero poca, se estaba acabando. ¿No es prodigioso?, no hay cerveza, ya llega el fin del mundo.

martes, 8 de diciembre de 2015

Sobrevalorada

La justicia es un invento humano, un invento aún sin perfeccionar. La justicia en general podríamos decir que es injusta o siendo optimistas que es aproximada. En todo caso se refiere siempre a las relaciones entre seres humanos y más concretamente a las relaciones éticas (a todos aquellos asuntos que intentamos regular con leyes). En otros temas, en todo lo demás (en casi todo), apelar a la justicia es como mucho una forma de hablar. Como cuando nuestro equipo de fútbol pierde un partido que merecía ganar (en nuestra opinión evidentemente imparcial). "Injusto resultado", decimos. O ya transcendiendo, a lo grande, decimos que la vida es injusta (y en esto parece que hay consenso). Pues no. El fútbol y la vida no son justos ni injustos. Justicia no es un término, un baremo, que podamos aplicar. La pelotita no entró, el huracán arrasó aquella costa (y no ésta), yo nací aquí (aquí cerca) y no allí (al otro lado de la frontera). Se formaron las galaxias, las estrellas; alguna se enfrió y en su girar loco se hizo el agua y surgieron unos extraños organismos. Y aparecimos en medio de la descomunal fuerza de la naturaleza. Nacemos, vivimos, morimos. Nada que ver con la justicia, como no sea alegórica. Vamos, digo yo.

martes, 24 de noviembre de 2015

Sube el periscopio

Estaba yo leyendo el periódico en el bar cuando me doy cuenta de que la canción que suena es "Lady Madonna" de los Beatles. En el bar hay una gran pantalla de televisión encendida (y las coloristas imágenes cambiantes resultan de lo más acogedoras) pero sin sonido. Lo que se oye es una emisora de radio que sólo emite música. Música de fondo a la que no hago gran caso, hasta que suena esta canción, "seeeee how they runnnn", y me pregunto retóricamente, ¿escribieron alguna vez los Beatles una canción mala?. Y, claro, me viene una (sólo una) a la cabeza, "Yellow Submarine", que sin embargo fue un gran éxito, aunque la primera impresión al oírla pueda ser parecida a la que se experimenta ante "la Ramona" de Fernando Esteso. Estoy exagerando. Yellow Submarine era una canción para niños con un estribillo "tonto", "todos vivimos en un submarino amarillo". Sin embargo este estribillo también puede servir como inspirada alusión a la condición humana. Como alegoría de la en general absurda, abstrusa, realidad (es un decir) en que vivimos.

martes, 10 de noviembre de 2015

El próximo prójimo

Hoy vamos a comentar el segundo mandamiento de la ley de Dios. No está mal el comienzo, ¿eh?. Por si no te acuerdas es el que decía "amarás a tu prójimo como a ti mismo". Después de oír tantas veces la frase, la pienso ahora y me parece nueva y lo primero que se me ocurre comentar es, ¿estamos locos?. ¿Cómo voy a amar a nadie como a mí mismo?. ¡Me quiero demasiado!. Pero bueno, es cierto, hay que amar al prójimo; aunque no sé si como a mí mismo. Si yo me pillo un dedo con la puerta, al que le duele es a mí, no al prójimo. Y a la inversa. Esto me recuerda una vez que salíamos una noche de un bar y allí delante de la puerta nos encontramos con un hombre tumbado en el suelo. Se acababa de caer, supongo. Íbamos varios y R. inmediatamente fue a ayudarle. Sangraba algo y R. sacó un pañuelo de aspecto impoluto para limpiarle. Le preguntó cómo se encontraba. En fin, el hombre había bebido y no pudo contestar gran cosa, pero la actuación de R. me impresionó. Su reacción de humanidad fue espontánea y natural; y yo, no sé muy bien por qué, la asocié a su educación en un colegio de los jesuitas. Seguramente influyó tanto o más lo que R. aprendió en casa, con su familia. Yo ( y varios más) estaba junto a R. y me limité a observar. ¿Algo que decir de mi humanidad?. Curiosamente al de un tiempo viví otra situación similar. Estaba yo esperando al autobús. Andaba por la zona dando vueltas un hombre con pinta de vagabundo y con indicios evidentes de haber bebido. Se tambaleaba de un lado a otro. A una de éstas se para a unos dos metros de mí. Se inclina hacia adelante y bracea enérgicamente para recuperar la vertical. Con los pies clavados en el suelo lo que logra es desequilibrarse hacia atrás, y cae de espaldas con tan mala suerte que se golpea la cabeza con un bordillo. Delante de mis narices. El corazón me dio un vuelco. Ya le veía muerto. Quise ayudarle, aunque no sabía cómo. No había que moverle, ¿no?. El hombre se quedó allí quieto con los ojos bien abiertos. Sangraba. Creo que le cogí la mano y le hablé. No contestó. Se acercó más gente. Pensé que lo mejor era llamar al 112, así que me levanté, saqué el móvil  y lo intenté. Digo lo intenté porque no lo conseguí. Por falta de cobertura o por lo que fuera. Después de un rato de teclear y soltar un juramento, alguien dijo que ya venía una ambulancia. Eso fue todo. ¿Me había portado como era debido con mi prójimo?. ¿Podía haber hecho más?. ¿Había guardado las apariencias?. ¿Qué haré con el próximo prójimo que se cruce en mi camino?. Si me esmero en simular que me importa mucho, ¿no será muy parecido a amarle?.