lunes, 31 de marzo de 2025

Eclipse

    Estuve media mañana pendiente del eclipse. Del eclipse parcial, la Luna le iba a dar un bocado al Sol, no mucho pero suficiente para que el viejo truhan se resintiera, la venganza del pequeño. O pequeña, la Luna. Pequeña en español, pequeño en otros idiomas, en el inglés por lo menos, Mr Moon le dicen; y Mr Sun, iguales ante la ley. La Luna y el Sol, nuestros astros preferidos, no sé por qué tienen género, es como decir el Juan y la Mari, sobra el artículo.
    Estuve pendiente y cuando llegó la hora se había nublado y no noté nada especial. Me acuerdo de otro eclipse de hace años; veinte o más, no sé decir cuantos. Aquella vez no estaba pendiente. Salía del coche en el aparcamiento del trabajo, una explanada al aire libre, y, entonces sí, aprecié que el día se había oscurecido. También estaba nublado pero aún así.
    Que no se vea el Sol en un eclipse tiene su parte buena, no te puedes quedar mirando directamente como un bobo. Qué lección de humildad esa de no poder mirar al Sol. Si el Sol tuviera conciencia se sentiría muy importante viendo como en la Tierra nadie se atreve a desafiarle con la mirada.
    Aquella vez, en el aparcamiento, la medio penumbra en pleno día me sobrecogió un poco, Pararon el viento y los pájaros, o igual eso lo añado ahora. Lo que sí recuerdo es el silencio, y que en aquel momento estaba solo en la explanada; coches aparcados, como siempre, y solo yo de pie, algo impresionado, oteando el cielo oscuro en pleno día. Esta vez, en cambio, nada; o casi nada, apenas un sí es no es.

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