lunes, 19 de octubre de 2026

Música urbana

    Esta mañana he pisado una tapa de alcantarilla que no estaba bien asentada. Es un suceso trivial al que no se le presta mayor atención. Cuántas veces estas tapas no ajustan bien y al pisarlas producen algún tipo de sonido. Algo que varía desde un mínimo golpeteo apagado hasta el amplificado y escandaloso klan-klon, en dos tiempos; klan al pisar la tapa y klon al levantar el pie y volver esta a su posición original.
    En estos casos, suele darse la respuesta refleja de encoger ligeramente los hombros, por el pequeño susto, y echar una mirada de reojo para ver si alguien más se ha sobresaltado con el ruido. Si es así, hay que decidir en una fracción de segundo si procede hacer algo, un gesto de disculpa, de complicidad o de queja al ayuntamiento.
    En general el resultante sonoro es más comedido; unas veces más próximo al simple sonido inarticulado —zamp, dump—, otras a sonidos más eufónicos que recuerdan algún instrumento de percusión, como el de los platillos en días de lluvia —chas—, o los de la batería —tum, bum, pum—.
    Sin embargo, esta vez, y no me había pasado nunca, el sonido que ha producido esta humilde tapa de alcantarilla ha sido dan. Un dan totalmente musical, de campana bien afinada, a medio camino entre el ligero din y el expeditivo don. Un sorprendente dan que me ha hecho sonreír y ha reverberado durante unas décimas de segundo, manteniéndose en el aire como la nota pura de un diapasón.

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