“Nuestro Señor Jesucristo nació en un pesebre, donde menos se espera salta la liebre”. Como esa liebre de la rima, cuando menos lo esperaba, en una novela de Arturo Pérez-Reverte (La isla de la mujer dormida) me he encontrado con esta reflexión: La vida en sí no es una realidad objetiva, sino más bien un espacio parecido a una casa vacía. Nosotros introducimos la realidad en ella… Y hay cuatro medios para llenar ese vacío, o soportarlo: la religión, el patriotismo, el sexo y la ironía.
Que somos nosotros los que hacemos posible la realidad, es un hecho; como escribió Julio Cortázar: un puente es un hombre cruzando un puente. Sin alguien que lo cruce, un puente no tiene sentido. Luego están esas cuatro formas que hay, según el personaje de la novela, de encarar la tarea de vivir. Nos lo pone fácil, llegas a la encrucijada del destino y tienes cuatro opciones, como en un concurso de la tele.
Las cosas no suelen ser tan sencillas. Le dice una mujer a un hombre: se puede estar a favor y en contra de algo al mismo tiempo, se llama pensamiento complejo; no lo entenderías. Pero como resumen del tema propuesto (como chuleta para el examen) está muy bien. En mi caso me he identificado al instante: mi medio para llenar el vacío de la existencia es, o sería, la ironía; por descarte.
El sexo como centro de mi existencia, no lo veo, o no doy el tipo. La religión o el patriotismo son dos males de muchos con un gran inconveniente, el de tener que estar de acuerdo con cosas con las que no estás de acuerdo. Solo me queda la ironía. Sin superioridades morales, sin sarcasmos, quitándole hierro a todo; solo la buena, vieja, divertida ironía. Como propósito, digo.
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