lunes, 25 de mayo de 2026

Remedio infalible

    Esta es una historia real, y si no lo es al menos confío en que esté bien contada. B es un escritor de prestigio, renovador en su momento de la narrativa en castellano. Ya al final de su carrera, pasados los setenta, trabaja en sus memorias, y de vez en cuando publica algún artículo. Aparte, sufre de cierto malestar psicológico, una difusa ansiedad, tal vez depresión. Empezó a tratar su mal en la consulta de A., un destacado psicoanalista, profesor universitario de renombre, miembro de academias y asiduo a congresos internacionales.
    Tampoco hace falta ser un lince para diagnosticar las causas: el paso de los años, la pérdida de protagonismo en la escena literaria, la renqueante vida afectiva; lo normal y corriente. Tras meses de terapia sin fruto, un día A., el psicoanalista le dice: Mira, estos encuentros contigo me han enriquecido como profesional y como persona, me siento en deuda y quiero pagarla. Llevo tiempo dándole vueltas y sé cual es el remedio a tus males. No es algo que se pueda conseguir de la noche a la mañana y te pido paciencia. Mientras tanto seguiremos con estas sesiones que, lo digo sinceramente, nos vienen bien a los dos.
    Pasa el tiempo, B. sigue más o menos sus rutinas, escribiendo, preguntando de vez en cuando a A. por el remedio prometido. Este, sin entrar en detalles, le dice que está en ello, que con suerte todo se andará. Así hasta que un día B., que dormita en su biblioteca, recibe la llamada de A. Tienes que ver el noticiario de la noche, sería bueno que antes tomaras un sobre de esos que te receté. Nervioso B avisa a su mujer y se sientan los dos ante el televisor. Comienza el informativo y en el tercer, o igual es el cuarto, titular el presentador, con una sonrisa de oreja a oreja, lee en el teleprónter: “La gran noticia del día en el mundo de la cultura nos llega desde Escandinavia; ya conocemos el nombre del nuevo premio Nobel de literatura”.

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