Sábado 17.
Una vez ya escribí un diario como este. Fue al comienzo de la pandemia y el triste objetivo era el mismo, durar una semana. Hacerlo más largo hubiera sido problemático, estresante, innecesario. Coincidió que acababa de leer La peste de Albert Camus (camí, he apostado por esta pronunciación) y, como era previsible, lo titulé Diario de la peste.
Domingo 18.
El suicidio, la epidemia silenciosa. El tema es muy incómodo y además tabú. Pero la gente se suicida. Entre los escritores, Virginia Woolf, Cesare Pavese, Sylvia Plath, David Foster Wallace. Siempre he pensado que ando corto de sensibilidad y una feliz compensación es mi incapacidad para el suicidio.
Por otra parte, banalizando, perdón, suicidarse no es necesario, solo se adelanta en el tiempo algo que llegará igual. Una frase de humor negro que me hizo gracia: la madre le dice al hijo, ¡pero hijo mío, te vas a suicidar con esa ropa!
Lunes 19.
Burla, burlando, ya he llegado al sexto día.
He bajado el poema Oda marítima de Pessoa. Intenso como el mar. Supongo que es de lectura obligatoria en todas las escuelas de Náutica.
Pessoa también se suicidó, aunque de forma indirecta (en diferido). Se valió de un método muy popular, el de beber hasta morir. Demasiadas personalidades en su interior, demasiada sensibilidad, demasiado alcohol; una combinación de factores que le llevaron a la muerte a los 47 años.
Pessoa hablaba inglés a la perfección y francés casi. Las últimas palabras que escribió, en el hospital, la víspera de su muerte, fueron estas: I know not what tomorrow will bring (No sé lo que traerá el mañana).
Martes 20.
Última entrada de este diario, que muere aquí como moriremos todos. Nadie ha contado su muerte todavía, por cierto.
Hoy he leído esta frase como epígrafe en un libro: Mientras viva, uno es inmortal. Adivinad quién lo dijo. Pista: llevo toda la semana masticando la última clase del taller. Lo dijo, en una entrevista, el que faltaba, Philip Roth.
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