jueves, 28 de abril de 2011
Vagando por la ciudad
Vagaba por la ciudad y pensaba "aquí estaba el cine tal" y luego "aquí había una librería", y al rato "aquí estaba el colegio". No pensaba "mi colegio", sino "el colegio". El colegio al que yo iba y que tiraron hace años. Será que he llegado a ese momento en que de casi todo hace veinte años, como escribió Gil de Biedma. En la plaza donde estaba el colegio hay una librería nueva y entré a hojear libros. Me abrumó la cantidad de novedades. Me sentí un trozo de madera en el mar. Todas las letras que jamás leeré. Y curioseé en el libro de un autor local de mi edad. Bueno, en realidad creo que es algo más joven. Sospecho que fue a otro colegio, no muy lejano del mío (ahora ya tengo que usar el posesivo). Saltando entre las páginas vi que citaba a mucha gente del mundo de las letras que debieron pisar estas mismas calles pero que yo jamás conocí. Hace también una petición curiosa, emulando a Borges cuando decía "tengo dos únicos vicios, leer la Enciclopedia Británica y no leer a Enrique Larreta". Pide, decía, que otro escritor local no haga su necrológica. Ese pobre hombre (pobre por el desprecio recibido) que indefectiblemente hace la necrológica de todo personaje (escritor, pintor, periodista, escultor, etc) que fallece en doscientos kilómetros a la redonda. Al día siguiente (éste es un mundo de casualidades) leí en el periódico que el aludido acusaba la ofensa y apuntaba que varios artistas le habían pedido expresamente lo contrario, esto es que sí escribiera su necrológica. Y seguí andando por la ciudad pensando que lo más probable es que yo no tenga necrológica (dentro de mucho, mucho tiempo).
jueves, 17 de marzo de 2011
A propósito de unas fotos
He visto unas fotos de Andy Warhol vestido de mujer. Que a Warhol le gustara hacerlo se me antoja algo totalmente natural. Recuerdo un pariente que siendo yo muy pequeño se solía disfrazar de mujer estrafalaria y mi recuerdo es que algo de gracia me hacía por estrafalario, y no por el rol femenino, y me preguntaba por qué insistía en el disfraz. También me pasa a veces que si no fuera por la ropa y el peinado no sabría distinguir si alguien es hombre o mujer. Con cierta edad tendemos a parecer seres humanos sin más. En la China comunista de hace unos años todo el mundo vestía los mismos pantalones y la misma camisa (quizás era parte del intento por contener el crecimiento demográfico) y no sé si por eso el retrato tan repetido de Mao me parecía el de una oronda matrona. Hace pocos días volvían los muchachos a disfrazarse de personajes femeninos (y algunas muchachas de masculinos). Me parece estupendo que la gente se disfrace especialmente en carnavales, aunque cada vez veo más difusa la distinción entre traje y disfraz. Vestirse de hombre o de mujer, o quedarse en terreno de nadie. No sé si hay algo que entender, puede que Andy Warhol lo supiera explicar.
viernes, 4 de marzo de 2011
Guttenberg, con dos "t"es
El barón Guttenberg ha dimitido al ser acusado de plagiar su tésis doctoral. Le han pillado copiando, cosa que suele pasar. Pero resulta que el plagio consiste en decenas de párrafos copiados de distintos autores. El fallo, tonto, ha sido no haber citado las fuentes; porque me parece a mí que si el que se ha leído esos párrafos y los ha escogido y los ha puesto en un orden que daba cierta unidad al conjunto ha sido el propio barón Guttenberg, la tésis podría haber merecido un "cum laude" con sólo haber citado a los autores originales. Dos observaciones. Una, lo de "cum laude" es un decir, ya que he oído que hoy en día conceder esa calificación es lo habitual (al menos en algunas universidades). Dos, los autores "originales" en realidad tampoco lo son; en general han expresado con palabras ligeramente diferentes lo mismo que expresó antes otro. El "quid" de la cuestión es pues si el ilustre barón se tomó el trabajo de leer, copiar, pegar y redondear el texto o no hizo nada y sólo firmó al final. Este pequeño comentario se me ha ocurrido a mí solo, aunque por supuesto es una consecuencia de lo dicho antes por otros muchos y gracias en gran parte al invento de Johannes Gutenberg, que por esas cosas del azar parece ser que no tiene nada que ver con la familia del barón.
martes, 15 de febrero de 2011
El carguero
Un recuerdo. Es de noche y tumbado en mi cama me despierta el sonido grave, persistente de la sirena de un barco. Un barco que remonta la ría, imagino, y avisa de su presencia en la niebla. No tengo ni idea de qué hora es, y prefiero no saberlo. Me aferro a la idea del marino en el puente de mando haciendo sonar la sirena en la niebla. Entonces solía venir en el periódico la información sobre las entradas y salidas del puerto. Por ejemplo, Dardanelos, carga general, a Hamburgo; o Monte Arno, carbón, de Gijón. Volvía a sonar la bocina y yo con lo ojos cerrados pensaba en el frío en la cubierta, en el marino dirigiendo el barco lentamente ría arriba. Todo un mundo ahí al lado y del que no quedaría ni rastro por la mañana.
domingo, 13 de febrero de 2011
Eternas preguntas
¿Qué soy yo?. Un hombre. ¿Qué es un hombre?. No sé. ¿Qué es el hombre?. El hombre es una pasión inútil, Jean Paul Sartre. La pasión se puede manifestar por medio de la filosofía o del fútbol. ¿Soy yo una pasión inútil?. Me inquieta la filosofía, me gusta el fútbol. ¿Podría sustituir la pasión por el entusiasmo?. Con lo de inútil, ningún problema
lunes, 24 de enero de 2011
Tres veces Aristóteles
Es curioso cuando en el mismo día te sale al paso dos veces el mismo personaje. Ayer me tropecé no dos sino tres veces con Aristóteles. Una vez decía que la vista es el sentido preponderante, otra que hay que saber volver a la infancia (sentirse niño) y la tercera, ya no me acuerdo. A saber. Me he acordado de aquello de que en opinión de Aristóteles las moscas tenían cuatro patas y como lo había dicho él, nadie le llevó la contraria durante mil años. De mi corta experiencia con moscas me ha quedado la impresión de que tienen más de cuatro patas, sin atreverme a concretar cuantas. La ciencia dice que son seis. Es más, dice que todos los insectos tienen seis patas. La disculpa de Aristóteles es que en vez de experimentarlo, lo razonó. La razón le dijo que las moscas tenían cuatro patas. Aristóteles razonó muchísimo, así que no me extraña que a veces se equivocara. Yo, razonando menos, me equivoco lo mismo o más. Y bueno, después de todo, si durante mil años nadie se dio cuenta del error, igual lo que pasaba es que a nadie le importaba cuantas patas tenían las moscas.
lunes, 17 de enero de 2011
Game Over
Estoy considerando una idea para un cuento. O para un microrrelato. El planteamiento inicial es conocido: Dejan de nacer niños en el planeta. Opcional que también dejen de nacer otras criaturas, no es relevante. El narrador puede ser alguien que ha dedicado toda su vida a investigar el por qué. A medida que han ido pasando los años el I+D+I+etc de los países más avanzados se ha ido dedicando más y más a intentar comprender y subsanar el problema. El "pequeño" problema de que la raza humana parezca condenada a extinguirse. Nuestro narrador (o narradora) escribe un último informe con sus conclusiones. Después de muchas consideraciones (unas mil páginas) sobre distintos enfoques del asunto y tras haber descartado una a una las posibles causas, aventura su última hipótesis. Los niños dejaron de nacer por la misma razón por la que habían nacido hasta entonces, por puro y simple azar. Lo único que pasó fue que se dio esa casualidad. Él mismo se hace la pregunta: ¿Pero semejante carambola no sería prácticamente imposible?. Pues sí, parece poco probable. Muy, muy, muy, infinitos muys, poco probable. Pero después de todo ya había sucedido algo de parecida improbabilidad antes, cuando nació el primer niño.
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