miércoles, 19 de septiembre de 2012

Enemigos para siempre

Atendiendo a los medios me parece apreciar que una explicación, bastante extendida, para los conflictos humanos es la de ver distintas ideologías, distintas visiones políticas. Se diría que lo que nos guía es la justicia, el derecho, las ideas. Y me está pareciendo que no. En realidad lo que hay siempre son dos grupos: Los nuestros y los otros. O mejor dicho muchos grupos distintos: Los cristianos, los chinos, los chiíes, los suníes, los indígenas, los ingleses, los kurdos, etc. Y las razones éticas brillan por su ausencia. De lo que se trata es de que mi facción sea la que prevalezca, independientemente de cualquier otra consideración. Propongo un experimento práctico. Mira en la página de internacional del periódico y fíjate en cualquiera de los follones de actualidad. El analista de turno seguirá hablando de geopolítica, de derechas y de izquierdas, pero si te fijas un poco descubrirás que casi siempre los bandos se perfilan nítidamente en términos de raza y religión. Me temo.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Martini

En mi falta de sofisticación no he tomado nunca un dry martini. Tampoco sabía que un dry martini consiste sobre todo en ginebra y lleva poco de vermouth (Martini) o incluso nada, si se sustituye por vodka (y el nombre pasa a ser un misterio). La aceituna es opcional. Bajando a la tierra o, quizás mejor, quedándonos a medio camino entre la tierra y el cielo, el cardenal Martini prefería distinguir entre pensantes y no pensantes antes que entre creyentes y no creyentes. Expreso aquí mi deseo de encontrarme entre los primeros (los pensantes), aunque eso no me garantice la felicidad asegurada a los no pensantes que además cumplan otros dos requisitos: Gozar de una buena salud y tener el estómago lleno.

lunes, 27 de agosto de 2012

El otoño que viene

Vengo apreciando un aumento significativo del número de hojas secas que yacen sobre la tierra. La tierra entendida no como el planeta mismo, sino como el manto vegetal que lo cubre (incluyendo, y no se menciona por simplificar, las amplias zonas asfaltadas o pavimentadas); y refiriéndome en extensión al suelo sobre el que camino, las calles, parques, caminos, campos y bosques próximos a mi domicilio, ya que ignoro la extensión geográfica del fenómeno (la proliferación de hojas muertas), aunque doy por seguro de que se trata de algo general y extensivo, tarde o temprano, a todo el hemisferio norte, o a gran parte de él (¿hasta que punto existe el otoño en los trópicos?). Quizás en lugar de mencionar "el número" fuera más conveniente hablar de "la cantidad", ya que se trata de una cifra lo suficientemente alta como para considerar tal magnitud como innumerable. Nadie, en su sano juicio, contaría nunca el número de hojas caídas, y si lo hiciera no tardaría en perderlo (su antiguo sano juicio). Quiero decir que, aunque aún estamos en agosto, aunque hace un día estupendo de verano; la naturaleza, sabia y asesina, por razones que sólo ella conoce ha comenzado a desnudar a los árboles (a algunos árboles, con un orden de preferencia del que se me escapan las causas) y las hojas muertas ya caen cada día, ya crujen al pisarlas, ya anuncian el cambio de estación. Ya viene el otoño.

domingo, 12 de agosto de 2012

El dudoso destino.

Un razonamiento puesto en boca de Margaret Thatcher en la película "La Dama de Hierro": "Cuida tus pensamientos porque pueden convertirse en palabras, cuida tus palabras porque pueden convertirse en hechos, cuida tus hechos porque pueden convertirse en hábitos, cuida tus hábitos porque pueden convertirse en tu destino". No sé si el "pueden" es mío o suyo. Suyo de Margaret o suyo de Gandhi o nuestro de todos. Lo que viene a decir, me lo explico a mí mismo, es que el destino es una falacia. A veces. Es como aquello otro de que a partir de cierta edad cada uno es responsable de su rostro.O dicho de otra forma nadie nace feo o guapo (o sí nace, pero luego hay un tiempo para tener la cara, la expresión, que nos merezcamos cada uno). O dicho de otra forma, la cara es el espejo del alma. O dicho de otra forma, el destino es para quien se lo trabaja. O, resumiendo otra vez, tus pensamientos labrarán tu destino. Dentro de lo que cabe, claro.

miércoles, 11 de julio de 2012

Yoga

Me entero que un conocido personaje lleva treinta años haciendo yoga. No sé si se le nota en su vida corriente, aunque desde luego no le ha evitado meterse en unos líos muy gordos. Pero la pregunta que me viene a la mente es: ¿Para qué hace uno yoga?. Y me respondo: Supongo que para intentar la serenidad. Para intentar sentirse en paz. Ya se me adivina el escepticismo en ese "intentar", y no, soy más bien de la opinión de que si esa busqueda es sincera lo más probable es que se consiga. O que se haga uno la ilusión de que se consigue. Por amortizar el esfuerzo. Alcanzar la serenidad es un objetivo muy comprensible. A mí también me gustaría, pero no he hecho nunca yoga, y por lo que sé me parece que hacer yoga es hacer unos estiramientos (en ningún caso desdeñables como actividad benéfica). La parte de la concentración es la que no entiendo. O la entiendo como decirse a uno mismo muchas veces "quiero estar sereno", "nada me ha de afectar", "estoy en paz y alegre, aunque no sonría ni bajo tortura". Así que estoy pensando en tomar una resolución. Voy a imaginar que llevo muchos años haciendo yoga. Treinta o más. Y que ahora mismo estoy recogiendo los frutos. Estoy alcanzando la paz interior. La verdad es que me siento mucho mejor. Me siento en condiciones de afrontar la vida con otra actitud, más positiva, más serena. Soy otro.

viernes, 15 de junio de 2012

Sintonizador personal

Sobre nuestra percepción del mundo. Hay una analogía que me parece bastante acertada. Es la de que somos como un receptor de televisión en el que se pueden ver una serie de canales situados en una banda de frecuencias determinada. Este ancho de banda es personal, cada uno tenemos el nuestro. El mundo que podemos ver es el que sucede en esos canales; y el mundo que no vemos todo lo demás, todo lo que sucede fuera de nuestra gama de frecuencias. Un ejemplo tonto: En un partido de baloncesto que están dando por la tele (no mezclar conceptos, ir a la idea) en medio de una jugada aparece un (tío disfrazado de) gorila que cruza la pista corriendo. Hecha la encuesta pertinente resulta que una buena fracción de los telespectadores no han visto al gorila (o sí lo han visto pero no son conscientes de ello). La explicación de acuerdo a nuestra analogía es que ese suceso no entraba en los esquemas mentales de esas personas. Es un suceso emitido en una frecuencia fuera del alcance de mi sintonizador vital. Otro ejemplo; la impresión que nos causan las personas, nuestros prójimos, el peligroso ejercicio de juzgar. Decidimos que éste o áquel o ésa es así de listo o de tonto, de valiente o de temeroso, de soberbio o de humilde. ¿No puede ser que eso sea así sólo en nuestra pequeña parte del espectro?. Conclusión, sería interesante poder acceder a más canales; aunque en todo caso nunca podremos verlos todos a la vez.

viernes, 1 de junio de 2012

Buenas intenciones

Apuesto a que has fantaseado alguna vez con volver a vivir tu vida con la "pequeña" ventaja de ver venir el futuro y así poder cambiar un par de decisiones estratégicas. Y ya puestos, cambiar también algunos comportamientos, como no haberte enfadado aquella vez por aquella tontería (porque visto desde la distancia, ¿hay algo que no sea una tontería?), o haber sabido disfrutar de tantos momentos desaprovechados, etcétera. Esa tentación de inventar otra vida me asalta a menudo. Será porque no estoy contento con ésta. Pero me resisto a la fantasía. Por dos razones. Porque no es posible la vuelta atrás y porque aunque lo fuera no creo que yo pudiera ser distinto. Cometería los mismos errores; o no exactamente los mismos pero sí otros muy parecidos. Así que me digo que si me parece que lo hecho hasta hoy es mejorable, lo mejor que puedo hacer es tomar nota para el futuro. ¿Para el futuro?. No, no hay más futuro que ahora mismo. No enfadarme hoy por ninguna tontería,  disfrutar hoy de estos momentos. Pero claro, hay un inconveniente; sigo siendo yo. Dejémoslo en que hay que intentarlo.